Introducción dic06

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Introducción

Abro este cuaderno por su primera hoja, encabezándola con una cita de Cuadernos de África de Miquel Barceló, como él hace, tímidamente, cuando escribe: “Mis diarios nunca ha prosperado (…) ¿Qué tono adoptar para uno mismo? (…) Sin duda era más saludable la vergüenza adolescente que hacía que acabara arrancando las páginas de los diarios para llenar de dibujos el resto. Pintar ensucia. Escribir pica”. Sin entrar en discusión con el artista, le hubiera sugerido otro verbo: escribir pincha: pincha como si cada palabra tuviera punta, pincha como si una zarza envolviera, a veces, el corazón, o una alambrada de espino rodeara el pensamiento. Si fuera más allá diría que escribir hiere. El picor, al que pienso que se refiere Barceló, parece solo una molestia pasajera de fácil arreglo: dejar de escribir. Porque escribir por escribir, escribir porque no se nos ocurre otra cosa que hacer, la escritura como terapia o disciplina es algo que aún no entiendo útil para mí por más que, en una de esas, de cuando en cuando, creas distinguir en aguas someras el dudoso brillo de un oro a menudo falso.