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Eros. Vol 1. Tres estancias de un apartamento burgués

TRES ESTANCIAS DE UN APARTAMENTO BURGUÉS

CATÁLOGO DIGITAL

Tres estancias de un apartamento burgués” fue el título de la exposición catalogada del mismo nombre, celebrada en 2007 en el Instituto de América de Santa Fe. Basándose en las obras “La bacanal de los Andrios”, de Tiziano, “Las 120 jornadas de Sodoma” del Marqués de Sade, y en la poesía de San Juan de la Cruz, Jaime García realizó una instalación para poner de relieve tres aspectos de Eros sobre la que se produjo, además, una singular intervención musical que contó con la coordinación de José Vallejo, y la composición de Frano Kakarigi, con textos de Juan Carlos Friebe. En esta ocasión les ofrecemos aquel catálogo, revisado y ampliado por el autor, en versión digital gratuita, que prefigura el nacimiento de Geometría del Desconcierto Ediciones, y les invita a conocer la génesis de su obra fundacional, “Las bacantes”.

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Génesis de Geometría del Desconcierto Ediciones

Por Juan Carlos Friebe

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 Inediciones fue una producción del equipo JGARCÍA, compuesto por José García Fernández y Jaime García García, de la que editaron cuatro números entre los años 1997 y 2002. Se trataba de una publicación periódica limitada que proponía “una continuidad reflexiva y gráfica, desde diversos ámbitos del conocimiento, en torno a diversos temas de interés”. El primero número había sido dedicado a la geometría fractal, con aportaciones de los matemáticos Alejandro Sancho Royo y José Luis Verdegay, los artistas Julio Juste y Soledad Sevilla, el fotógrafo Mariano Cano, el arquitecto Martín Ramírez, el músico Pepe Quintana, el discjockey Juanpe, el técnico de sonido Chus, la cantante Alaska, el director de orquesta Josep Pons y el cineasta Miguel Díaz Olmo.

A través de un amigo común recibí el encargo de componer un poema -en concreto, una oda- para el número dos de la publicación, cuyo objeto de estudio y sugerencia para la creación artística fue el segundo centenario de la presentación a la Asamblea Nacional Francesa del metro patrón, en 1799. En esta ocasión participarían el arquitecto Jorge Sainz, el artista Gustavo Torner, Ignacio Henares Cuéllar y mi propio amigo, el también historiador Nicolás Torices, además de Ángeles Agrela, Sancho Arnal, Antonio J. Torrecillas, Joaquín Ivars, Julio Juste de nuevo, Francisco Montañés, Carmen Sigler, Ana Trillo y Emilio García en la exposición catalogada “La práctica de la mesura”, que tuvo lugar en el Parque de las Ciencias de Granada en el año 1999.

Que el tándem JGARCÍA me tomara en consideración como poeta para un proyecto de tal magnitud, siendo un autor desconocido más allá de los hermosos círculos concéntricos de mis propias amistades, supuso un acicate extraordinariamente poderoso y una responsabilidad terrorífica. Significaba, lo que para mí ya supuso una halagadora y embriagante sorpresa, que sus componentes conocían mi segundo libro, “Poemas perplejos” (puesto que de haber leído el primero jamás hubieran contado conmigo) pero también que confiaban en mi capacidad para llevar a cabo un trabajo pautado tanto en tiempo como en tema: fue mi primer encargo y sentí, por primera vez, que más que aceptar un compromiso recibía una oportunidad para crecer.

Recuerdo vivamente mi nerviosismo al cruzar el umbral del taller de serigrafía que Cristian Walter compartió con JGARCÍA en la granadina calle Mano de Hierro. Nada más entrar, a mi derecha, hay una mesa que recuerdo de madera con tablero de cristal. Sobre ella, varios legajos cuidadosamente apilados y algunos bocetos que comentan José y Jaime. Saludo y tal vez pregunto dónde puedo dejar el paraguas mojado, aquella tarde que rememoro desapacible y lluviosa. Tras presentarme, no sin cierta timidez, les explico mis intenciones, casi disculpándome por haber escrito algo tan diferente, a priori, respecto a la intención inicial. En papel cuadriculado, manuscritas, les muestro las diez décimas blancas que he elaborado y que deben poder leerse desde el primer verso hasta el último, y desde el último al primero, originando una doble lectura al mismo tiempo idéntica y distinta. En cualquier caso, el sentido de la lectura, según en qué sentido se lea el texto, invariablemente varía, como dos copias de un mismo conjunto al modificar la escala, en una suerte de poética cuasiautosimilitud. El pretexto de mi trabajo es la célebre paradoja de la carrera disputada por Aquiles y la tortuga, de Zenón de Elea -aporía que niega la posibilidad del movimiento- y la relación de mi poema con el metro patrón la distancia de ventaja que concede el más veloz de los dioses al más parsimonioso de los animales, entonces, conocido.

Jaime García toma el trabajo en sus manos. Lejos de sorprenderse, o de formular objeciones sobre el inesperado giro formal y temático de mi propuesta, lo lee y estudia con atención durante algunos minutos que se me antojan eternos  pero finalmente, junto a José, valida la idoneidad del texto.  Cuando me despido de y abandono el taller ellos siguen analizando su encaje en el conjunto de la publicación: la forma adecuada, la escala precisa para el ajuste de su factura final.

Jaime García y yo nos conocimos, pues, en ese preciso momento. Pasada la inauguración de “La práctica de la mesura” en el Parque de las Ciencias no volveremos a encontrarnos hasta que pasen nueve años, cuando recibo una carta suya en la me invita a participar en una creación, ya de su exclusiva autoría, llamado “Tres estancias de un apartamento burgués”.

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Di por sentado que habría enviado a varios candidatos aquella convocatoria de colaboración. Llegué incluso a pensar que me invitaba por pura cortesía. Dudaba, firmemente, que aquel poema decimal hubiese merecido algún interés más allá de su curiosa formulación poética, por lo demás, en mi memoria, dolorosamente fallida. Sin embargo despejó mis dudas sobre la marcha: quería contar, precisamente, conmigo. Yo había sido el único destinatario de aquella invitación.

Durante nuestro almuerzo despliega la idea de su nueva obra, que escucho con suma atención y admiración creciente: supone un  salto extraordinario en su producción, con unas intenciones apasionantes por su calado intelectual, y a una escala que desborda mi concepto de intervención artística, exposición y performance. El proyecto es soberbio en su concepción y la idea rectora me deslumbra. Si la planificación me subyuga, la intensidad temática me fascina: las Imágenes de Filóstrato y la Bacanal de los andrios de Tiziano, las 120 Jornadas de Sodoma del “Divino Marqués” de Sade, y la poesía de San Juan de la Cruz serán las piezas maestras de referencia y los ejes sobre los que articulará un trabajo de creación artística, reflexión filosófica, e investigación material sobre tres aspectos de Eros: el amor sensual, el amor ideológico, el amor trascendente. Tal y como me represento, en ese instante, “Tres estancias de un apartamento burgués”, considero la obra inabordable para mí y, por tanto, acepto participar en la obra de inmediato.

Me requiere para que escriba tres textos, que deben funcionar en el catálogo a modo de iluminación filostrática “de ambientes que estaban aún por crear. Descripciones, en todo caso, que yo asumí como espacios interiores, universos íntimos paralelos, coherentes con las líneas maestras de la producción pero no necesariamente dependientes de la misma.

El catálogo, cuya maqueta me muestra, contendrá además la grabación en vídeo de la puesta en escena de una obra escrita para contrabajo y contralto en tres movimientos, compuesta e interpretada por el músico croata Frano Kakarigi para la voz de la cantante Patricia Latorre, y concebida como una ópera estática. El día de la inauguración, partiendo de la estancia dedicada al amor sensual, el público recorrerá la obra, los tres espacios creados por Jaime García, bajo el influjo de las tres piezas musicales, que serán ejecutadas in situ. La coordinación musical estará a cargo de un nuevo y excepcional desconocido: José Vallejo. Aún no lo sabemos, ni siquiera lo vislumbramos, pero con “Tres estancias de un apartamento burgués” está naciendo “Geometría del desconcierto: Las bacantes”.

El primer movimiento, Parafrase contrapuntística sobre un canon de Adrien Willaert, toma de la zona central inferior del cuadro de Tiziano las notas musicales y la letra del canon del músico flamenco (“qui boyt et ne reboyt, ne seet qui boyre soit” -quien bebe y no vuelve a beber no sabe qué es beber-) creando una pieza de festivo lirismo; en la segunda parte, titulada Secuencias psicóticas Frano Kakarigi interpretará, con su cabeza cubierta por un paño negro que sugiere la presencia de un verdugo, un movimiento desasosegante, articulado en cuatro breves piezas, que se mezcla con el recitado de Patricia Latorre de una lectura del Estatuto sadiano … frío, metódico y turbador; el último movimiento es un idilio, el de un contrabajo agudo y la tesitura de Patricia Latorre, cuya voz interpreta el amor místico sobre una cama con suntuoso dosel.

A través de su precisa descripción y de la maqueta del catálogo percibo con nitidez la ambición del proyecto, su profundidad, su potencial. No lo comento durante aquella primera reunión, pero entiendo que la catalogación de arte actual precisa nuevos enfoques, nuevos elementos, texturas distintas, un tratamiento alternativo al que reciben, por lo general, los catálogos de exposiciones institucionales y, por otra parte, considero que la literatura que suele acompañarlos es poco incisiva, nada arriesgada, más descriptiva que ilustrativa, demasiado sujeta a lógicos afectos convencionales que a deseables acercamientos desde perspectivas artísticas complementarias. Que,  en suma, la catalogación estándar es ineficaz para prolongar los efectos de la acción expositiva y las opciones de una reflexión personal, estéril para expandir la posibilidad de lectura y relectura de las obras catalogadas, o ensanchar nuestras expectativas de conocer más o descubrir qué más.

Muchos años más tarde, a raíz de una entrevista que mantuvo José Vallejo con Jaime García durante la exposición “El sueño de Isabel” (Sala Zaida, 2010) el artista disertó sobre la trascendencia del catálogo artístico para ciertos planteamientos contemporáneos, no como mera catalogación de obra, sino como vivencia independiente de ella. “Hay muchas estrategias de acercamiento a la obra… unas buscan la mera ilustración, otras un complemento que cree una situación favorable”, concluyó.

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El catálogo físico de “Tres estancias de un apartamento burgués” contiene sesenta páginas, en un formato de 18×18 cms., con sobrecubierta de papel celofán y una funda de cartón plegado pintado a mano que contiene un CD. La edición digital de aquel catálogo de la instalación y exposición “Tres estancias de un apartamento burgués”, revisada y ampliada, obedece a una necesidad distinta, no busca crear “una situación favorable”, ahora, para el acercamiento del espectador a una obra que solo en el espacio que ocupó, con el que interactuó, y en el que se produjeron puntuales intervenciones sonoras y musicales,  cobró su pleno sentido. Esta supervisión supone -al menos para mí, y para quienes tengan ocasión de reconocerlo, o conocerlo por primera vez- la constatación de la validez del planteamiento del catálogo artístico como prolongación radical de la obra, interindependiente de la actuación expositiva, más allá de su simple valor historiográfico.

Comenté, muchos párrafos atrás, de forma interesada, que si el equipo JGARCÍA hubiera leído mi primer libro nunca me hubiese invitado a participar en el número dos de Inediciones. Revisitar la obra propia, cuando el paso del tiempo nos ha aportado más conocimiento y más experiencia o, como poco, un sentido crítico más acerado -cuando peor, más resabios- pudiera parecer un ejercicio banal, innecesario, una redundancia más propia de un espíritu contemplativo que de un talento creador. A los ojos de muchos el artista que mira atrás con complacencia, se masturba: lo lógico es que lo haga desde la suficiencia de haber superado etapas o desde el rencor de lo que pudo ser y no fue. Lo natural es que el artista se flagele si se enfrenta a su producción pasada. Revisitar la obra propia es muy arriesgado para el ego creativo, carece de ventajas para un artista que, según consideramos, debe afrontar nuevos retos, enfrentarse a nuevos campos de investigación, aceptar nuevos desafíos que prefiguren lo futuro, y así resulta sorprendentemente natural que el autor reniegue de sus obras anteriores pues las nuevas deben superarlas. Sin embargo, gran parte de lo que hacemos hoy, y de lo que haremos, mañana, solo se explica desde lo que hicimos entonces: e incluso, como apunté ya en un comentario anterior, de la calidad de nuestros fracasos.

No es este el caso de la edición digital de “Tres estancias de un apartamento burgués”. Su espectador, y lector, asistirá al germen de un proyecto aún más ambicioso pero, ya en su momento, perfectamente definido y ejecutado, aunque concluso no cerrado, todavía vivo y en permanente evolución; a una obra que explora esencialmente, y fundamentalmente desde el arte, la condición y el pensamiento humanos, sus simas y sus cimas, sus fluidas relaciones y sus tenebrosas contradicciones. Este es un catálogo que completa una investigación creativa sobre los aspectos sensoriales, sistemáticos, y trascendentes de Eros y que, hoy como entonces, es piedra angular en la producción artística de Jaime García y el motor de lo que será después Geometría del Desconcierto Ediciones.