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Polinizaciones-Waka

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Nunca quedé del todo satisfecho con los poemas que escribí para la sección “Polinizaciones” del catálogo Un kílim para Rimbaud y otras pinturas (2009) de Valentín Albardíaz. El paso del tiempo terminó por hacerles justicia: mi descontento es, al releerlos, absoluto. Sin embargo la idea inicial sigue pareciéndome válida. Polinizaciones era una colección de acrílicos sobre papel japonés –así lo definió Valentín en una de las ocasiones que visité su estudio- y por la construcción formal de las obras que componían la serie me vino inmediatamente a la imaginación la necesidad de utilizar un estilo concreto, ajeno a nuestra lírica o mucho menos popular que el haikú: la tanka, una de las formas habituales del género waka de la poesía japonesa. La textura del papel me lo sugería. El tratamiento me lo imponía. La formalización de la idea en la obra de Valentín me lo reclamaba. Y el título, de modo adicional, y transversal, me convenció: la poesía diseminaría el polen que desde el pincel al papel, desde el estambre hasta el pistilo, germinaba en su pintura.

“Polinizaciones” -escribió José María Rueda en el mencionado catálogo- “es un conjunto de obras sobre papel que invariablemente, respondiendo a su título, contienen una representación formal del trayecto de un supuesto polen hasta su objetivo, el estigma que arropa la fecundación. Por su factura, ligera y aguada, por su dominante suavidad cromática podrían parecer un abundamiento en la lírica, en una contemplación fruitiva de la naturaleza, más aún si se interpretan como flores las manchas o gotas que son origen y final de estos trayectos. Pero si volvemos a hacer el ejercicio de retornar a la obra pasada, observaremos una obsesión por representar un camino, una trayectoria, una conexión entre diversos puntos”.

Las observaciones del comisario de la exposición conectan todavía hoy con mi intención inicial: pretendí crear una serie poética ligera y aguada desde esa contemplación fruitiva de la naturaleza que advertí también en la colección. Yo realizaría el mismo ejercicio de contemplación ante aquellas obras, que capté con mi cámara fotográfica para, posteriormente, transformar las imágenes en versos sugeridos.

La tanka, una forma poética distribuida en dos estrofas de tres y dos on –moras, o sílabas breves (5-7-5 / 7-7) exige en el tercer verso un eje que relacione los dos primeros versos con los dos últimos. De ahí mi desacierto, al margen de otras cuestiones formales -pues la tanka toma del haikú ciertos rasgos característicos- que pese a la brevedad del género poético obvié profusamente. Cierto que lo hice a conciencia: al informalismo que creí apreciar en las propuestas de Valentín Albardíaz se correspondía una actitud poética consecuente, espontánea. Fue una decisión que ahora me parece demasiado ingenua, tan inocente como errónea.

Me sorprende, al rescatar los apuntes originales, cierta intención narrativa que se perdió en el catálogo al eliminar determinados poemas: la relación entre el artista y la obra durante el proceso de creación, llena de pasos en falso y de peligros, de sorpresas y de hallazgos. Años después he reconstruido no pocas de las piezas editadas, he eliminado algunas y añadido otras que descarté en su momento para rescatar, pasado el tiempo, la idea original.

Quizá hoy algún poema no desmerezca del todo las obras que los inspiraron.

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1

Un escorpión
al levantar la piedra…
¿Qué se pregunta?
¡Ya son dos alacranes,
que amenazan respuesta!

2

Plumas de hierro:
humo en lugar de aromas.
Naturaleza muerta,
flores de cementerio.
Trinos en una jaula.

3

Breve y ligera.
Acariciando el aire
-como un suspiro-
honda melancolía.
La vida, ay, que pasa.

4

Qué triste sino.
La flor aún no se abre
en la maceta.
¡Tal desmayo y mayea!
De querer morir vive.

5

Con una hoja
se distrae el pulgón.
¡Ríen los pétalos!
Le provoca cosquillas
a la rosa la muerte.

6

Igual que un tallo
sobre el carnoso estilo,
siempre el estigma.
Si el polen me fecunda…
¿perdonará el deseo?

7

Trinos de mayo.
Entre ramas de invierno
tan súbitamente
las aves tejen nidos.
Tus manos en mis manos.

8

La abeja piensa
dulcemente en la flor,
en su ignorancia.
Solo en la miel el hombre,
que no advierte el peligro.

9

Bastó un zumbido
¡y ya el almendro en flor!
Qué son almíbar.
Un insecto goloso
se posa en tu sonrisa.

10

No soy feliz.
Pero el día sonríe,
¿por qué una lágrima?
Nubes de primavera,
presagio de tormenta.

11

En el estanque
croan las torpes ranas.
Alegremente
salta mi corazón
con ellas, a un nenúfar.

12

Inesperado,
se abre un claro de luz
 entre las nubes.
El Sol roza los pétalos
y acaricia tus labios.

13

Se pone el Sol.
Pronto será de noche.
¡Todo es tan breve!
Junto al anciano un niño,
y un eclipse de Luna.

14

Hoja cambiada,
quedé en estambre y en pena.
Y sin embargo
 se despereza un pétalo.
¡Se acerca el ruiseñor!

15

El aire esparce
la semilla de un sueño
inalcanzable.
Con un leve suspiro,
un vilano en la nieve.

16

Quizá algún día
me pose en tus estambres.
Pero entretanto,
hermosa es toda flor:
coqueteo contigo.

17

Su deber hizo
la brisa mariposa.
Con diligencia
los árboles florecen:
justo a tiempo los frutos.

18

La brisa posa
en el cerezo el polen,
sin darse cuenta.
Mis besos en tus labios.
rubor en tus mejillas.

19

¡Tanto amarillo…!
La tierra un Sol parece
y el día esplende.
Triste como un pulgón
muerdo el limón amargo.

20

¿Qué me pregunta
al levantar la piedra
este escorpión?
¿Si prefiero morir?
Ya son cuatro alacranes.