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Poesía, traducción y poemas (3)

INTRODUCCIÓN: UNA OSADÍA, 1

La traducción es una alta consideración que sus creadores otorgan a la obra de otros autores, un reconocimiento del valor de esta, e incluso un vivo testimonio de estima o admiración personal. No me refiero a la traducción profesional por encargo editorial, como ocupación remunerada, o como actividad relacionada con el estudio o el trabajo, si bien no están reñidos la pasión con el oficio, el placer con la dedicación, ni la vocación con el esfuerzo.

En esta ocasión quisiera fijarme en lo que la traducción tiene de reconocimiento, de actividad lúdica y liberal pero no menos esforzada por ello, y de quehacer generoso en el que su creador es un aficionado aunque el poeta sea un aprendiz o un escritor poco conocido. Me servirá para advertir que incluso en la traducción poética amateur sus autores se ven obligados a tomar decisiones capitales al trasvasar a sus idiomas los textos que eligen adaptar: decisiones de auténticos profesionales. Para ello compartiré, como epílogo, la versión en checo del poema “Oda íntima” realizada por Žaneta Toldová, con los problemas que conlleva una lectura literal de un texto poético, y de la traducción conjunta al holandés de Marcel van der Veer y Montserrat Vidal García, esta muy ceñida a la métrica del poema “Un nido” y a buena parte de los acentos, con las colosales dificultades que esto entraña al adaptar los versos. Literalidad frente a flexibilidad. Todo un dilema.

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La traducción literal no asegura el éxito, al menos en poesía. El respeto a las intenciones formales del autor traducido, incluso en idiomas muy próximos entre sí, puede deformar el sentido del original. Abundaré sobre ello en posteriores intervenciones con otros ejemplos. Así, utilizaré las traducciones al alemán y al griego que yo mismo pergeñé, tanto de poemas propios como de otros autores, supervisadas por Jens Genkinger y Emmanouela Giannopoulou, para el programa E-Multipoetry,  un proyecto poético-educativo realizado en el marco del Programa Grundtvig de la Unión Europea, gestionado por varias instituciones culturales de Polonia, Alemania, Francia, Italia, España y Grecia. Por las características del proyecto, que precisaba la proyección de poemas en espacios públicos, los originales no podían superar la extensión de cinco versos, ni estos contener más de treinta caracteres incluidos los espacios en blanco: curiosidad: esta “métrica” de software generaba problemas parecidos y obligaba a soluciones similares al traducir los originales. El primer objetivo del portal eMultiPoetry, gestionado por la Asociación Stowarzyszeń Multikultura Związek, con sede en Cracovia, fue el de “crear una comunidad didáctica para la difusión de los conocimientos sobre las lenguas y la poesía contemporánea a través de la traducción colectiva”. Ahora, todo un reto.

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Al fondo, poema de Juan Carlos Friebe con traducción del poeta italiano Daniel Cundari. Domus del Chirurgo. Rimini, Italia.

Otra experiencia personal interesante y de signo comparable pero eminentemente recreativa, sin ninguna ambición más allá del placer de ayudar a un amigo en la edición bilingüe de su primer poemario, fue la adaptación conjunta al español, dirigida por Cristina Rodríguez, de Sohailin Lumous, obra del finés Erkki Vepsäläinen, basada en las traducciones de Marjatta Nikula y Annukka Salonen. En este caso, con el permiso entusiasta del autor del original y de las autoras de las más de diez versiones en español que llegaron a crear -a veces con sutilísimas variaciones, en otras con sorprendentes cambios y nuevas decisiones sobre cada poema- Cristina Rodríguez y yo nos atrevimos a una lectura osada, si se me permite la expresión, de mucha manga ancha, en nuestra adaptación al español del libro. Toda una transgresión.

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Presentación de Sohailin Lumous de Erkki Vepsäläinen. Fotografía de Mateo M. Mateo.

Por último me interesaré por la traducción de palabras que, en sus propios idiomas, no existen: palabras de un solo uso, creadas ex profeso y con una intención específica por el autor del texto, que obligan al traductor a crear, también en su idioma, un neologismo. Aquí ya hablaría, cuando este logra reproducir el efecto, abiertamente, de todo un milagro.

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Poema de Juan Carlos Friebe con traducción del poeta italiano Daniel Cundari. Domus del Chirurgo. Rimini, Italia.

CASA DE CITAS

Ya cité a Galileo Galilei al comienzo de esta serie. No dije entonces cómo llegó hasta mí esa cita conmovedora: fue, lógicamente, a través del trabajo de un traductor. Recuerdo que la encontré en Por qué leer los clásicos de Italo Calvino, quien admiraba hasta tal punto la prosa de Galileo Galilei que en sus Siete propuestas para el nuevo milenio le atribuyó las cualidades de la leggerezza y la rapiditá, características que no faltan, entiendo, en la traducción de Aurora Bernárdez de la cita mencionada. “Pero entre todas esas invenciones asombrosas, ¿cuán eminente no habrá sido el espíritu del que imaginó el modo de comunicar sus más recónditos pensamientos a cualquier otra persona, aunque estuviera separada por un gran lapso de tiempo o por una larguísima distancia, de hablar con los que están en las Indias, con los que todavía no han nacido y no nacerán antes de mil años, o diez mil? ¡Y con qué facilidad! ¡Mediante la combinación de veinte caracteres sobre una página! Que la invención del alfabeto sea pues el sello de todas las admirables invenciones humanas”. Me emociona este fragmento… ¡cuánta razón en él! ¡qué logro admirable del ser humano! ¡qué pueril pudiera parecer y, no obstante, cuánta hondura expresada con palabras tan sencillas! Y entonces: que la traducción sea el sello de todas las actividades intelectuales, pues nos permite acceder a todo el conocimiento de todos los seres humanos de todos los tiempos, no solo a una parte de él, circunscrita a una sola cultura, expresado en un único lenguaje. Cuántas cosas que hoy damos por supuestas no concebiríamos siquiera sin el empeño que los traductores, a lo largo de la historia, han puesto en descifrar el significado de otros idiomas. Cuánta poesía extraordinaria nos habríamos perdido. Y qué poesía habría sido posible en español. Qué poesía escribiríamos ahora. Pienso que buena parte de la obra de Borges, sencillamente, no hubiera existido o, de existir en los mismos términos, sería incomprensible para nosotros.

Sin embargo al juzgar la traducción poética acaso no convenga un exceso de entusiasmo, pese a sus colosales logros generales, ni una severidad demasiada por sus estrepitosos fracasos específicos. Incluso el término medio entre literalidad libertina y escrupuloso rigor formal no ofrece garantías de éxito. Tal vez la reverencia hacia el original no convenga al traducir un poema y sea necesario transgredir. Pongámonos prácticos. En las notas a las Elegías romanas de Goethe encuentro este párrafo revelador, escrito por su traductor, José Joaquín Blanco: “Hay que traducir sin miedo al gran tótem de la poesía musical, al genio del metro y de la rima, al verso libre -el verso libre es una prosa en líneas más cortas, que también tiene su gracia y su ritmo particulares-, pues el propio Goethe enunció esta herejía saludable para quienes necesitamos -que es todo el género humano- la poesía traducida”. Discrepo, profundamente, en el contenido de la acotación, cuya definición de “verso libre” me parece desacertada, aunque jovial, si bien me agrada y agradezco su determinación licenciosa tanto como simpatizo con esa “herejía saludable” que nos aproxima a cuántos versos conmovedores. Sí. Necesitamos la poesía traducida, como lectores de literatura universal, por más que consideremos imposible traducirla. Tal vez por eso no le tembló el pulso a Goethe al escribir: “Yo tributo toda la honra que se les debe a la rima y al ritmo, que son los que hacen que la poesía sea poesía; pero lo propiamente hondo y profundamente eficaz, lo que verdaderamente educa y forma, es lo que queda del poeta cuando se le traduce en prosa. Entonces queda libre el puro contenido perfecto, que el poeta sabe muchas veces fingirnos con una deslumbrante pompa exterior”1.

Dentro de la “categoría de los escritores fascinados por la dificultad literaria”, en palabras de  Jorge Edwards, Anthony Burgess atribuye a la traducción “artistosa”, esto es, respetuosa con la forma, rima y medida del poema, un 18% de sentido, un 32% de sinsentido y un 50% de relleno natural. Refiere Edwards en El whisky de los poetas que el novelista inglés observó que la traducción era un arte en vías de extinguirse. “El original es infiel a la traducción”, proclamará Jorge Luis Borges, siempre brillante. Ni tanto, ni tan calvo. El poeta y traductor Antonio Rivero Taravillo, en mi humilde opinión partidario de una sensata equidistancia entre extremos, tras recomendar “el trabajo del ritmo, que siempre enfatizo” avisa que incluso esta tarea “también tiene contraindicaciones. Un riesgo de la traducción de poesía es el de caer en el sonsonete, el de poner el piloto automático del ritmo y, tras muchas millas o versos, despertar legañoso en el aterrizaje. No se puede traducir siempre con los mismos metros, por más que seamos duchos en ellos. A veces es preferible verter algún poema en verso más desestructurado y libre si evitamos con ello la sensación de monotonía, la idea de que el poeta traducido no era más que poseedor de un solo registro, incapaz de emplear otros ritmos. Viene esto además a subrayar nuestra vieja idea de que la traducción de un poema ha de ser realizada teniendo en cuenta el conjunto más que los versos por separado. De igual modo, la traducción de un libro, y más aún la de la poesía toda de un poeta, ha de ser abordada con el criterio de que lo que importa es la visión total, por más que en las partes pueda tomarse el traductor alguna licencia”.

El hecho de que la nueva obra –la traducción- que surja del molde previo –el original traducido- sea realizada por un profesional o por un aficionado, qué duda cabe, determinará en buena medida el resultado, originará piezas de distinta factura –más, menos consistentes; más, menos eficaces-, e incluso en igualdad de condiciones sobre el conocimiento del idioma traducido y del propio parece normal que el experto encuentre mejores soluciones que el amateur. Además consideraremos razonable que, entre traductores profesionales, también igualados en el dominio de las lenguas, el traductor que sea poeta generará mejores versiones poéticas que el traductor que no esté especializado en el género. Pero ¿esto es así, necesariamente? Sospecho que no. ¡Pero si incluso los más extraordinarios poetas crean versiones sorprendentemente distintas del mismo poema original? Entonces, ¿es posible traducir poesía?  Y no me sorprendo al responderme, sin dudarlo: sí. El poema es tan solo una partitura: el traductor intérprete y director de orquesta.

Y a veces una batuta inspirada convierte una partitura menor en una pieza sonora hermosamente nueva.

1 http://elegiasromanasjjb.blogspot.com.es/. Elegías Romanas, J.W. Goethe (Breve Fondo Editorial, México, 1994). Traducción y notas: José Joaquín Blanco.

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ODA ÍNTIMA
Pianissimo

No vengas hoy, no insistas, no procures
mi compañía ni tentar pretendas
mi soledad con el amargo almíbar
de las palabras hueras de consuelo.
Tiene el silencio sus propios designios,
sabiduría propia, propia ciencia,
y no es menester para tus labios
decirlo todo, todo conjurarlo,
aunque palabras haya brujas y verbos magos
que vierten una luz mimosa y compasiva
allí donde no llegan ni siquiera
las manos más diestras en templanza.

Miré al amor, y el amor dormía,
Luna dormía, dios, tan bella y nácar;
el tiempo -¿dónde estaba
el tiempo, si existía?-
vagara en tránsito hacia qué destino
cima de un instante, si ascendiera,
si no ascendiera, hacia qué nada.
¡Haber nacido para todo o nada!
¡Sentir que un momento entre dos
eternidades condesciende en ser
la vida y no dar crédito casi a la evidencia
de que está sucediendo lo sublime!

Apenas te rocé ya te estaba perdiendo.
Eres como la estela que tras la rosa intensa
-oculta y presentida en la maleza bruma-
cobra textura y se conforma aroma,
y crece ingrávida entre lo suspenso,
y se dilata hasta distar del nombre
apenas el grosor de una hebra de luz
por un ligero haz de lluvia hendida
y, no posada aún, ya se dispersa,
y difumina, y se disgrega,
huidiza sombra de la rosa esquiva
que el aire nómada deshizo al tacto.

Mas yo rocé su piel y estaba:
amor dormía y sin embargo esta,
y seguían estando aroma y tacto
en mí aún impresos después de acariciar
el borde de los labios, las mejillas manzanas,
como al rozar la superficie tersa
de un remanso subsiste en ella un poso
húmedo todavía de mador o de pulpa:
la frente lisa donde el corazón
contuvo estremecido su quebranto,
y se posó como una herida abierta
que se cerrara sobre una espina.

JCF

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De madre checa y padre búlgaro, Žaneta Toldová (Republica Checa, 1985), estudió Hostelería y Turismo. Ha residido en Irlanda y en España. En la actualidad es jefa de recepción en un céntrico hotel de Praga. Ha adaptado al checo la sección Del amor en Jericó del libro Aria contra coral, de la que se ofrece la traducción de un poema.

Intimní óda
Pianissimo

Nepřicházej dnes, nenaléhej, neusiluj
o mou společnost, ani se nesnaž
dotknout mé samoty hořkým sirupem
marných a prázdných slov útěchy.
Ticho má svůj vlastní záměr,
svou moudrost, svou vědu
a není zapotřebí, aby tvé rty
řekly všechno, všechno zaklely,
i kdyby slova byla čarodějnice a slovesa kouzelníci,
kteří vrhají mazlivé a soucitné světlo všude tam,
kam se svou zdrženlivostí
nedosáhnou ani ty nejobratnější ruce.

Podíval jsem se na svou lásku a ona spala,
Měsíc spal, bože, tak krásný a perleťový,
čas – kde byl
čas, jestli existoval? –
bloudil dopravou směrem k cíli
vrcholku jednoho okamžiku, kdyby vystoupal,
kdyby nevystoupal, směrem k ničemu.
Být zrozen kvůli všemu nebo ničemu!
Cítit, že jedna chvilka mezi dvěma
věčnostmi vychází vstříc
životu, a nevěřit téměř samozřejmosti,
že následuje vše ušlechtilé.

Sotva jsem se tě dotknul, už jsem tě ztrácel.
Jsi jako stopa, která za živou růží
- skrytou a tušenou
  v křoví plném mlhy -
nabývá vazby a vytváří vůni
a roste s lehkostí ustrnulým časem
a roztahuje se až se odlišuje od jména
sotva silou nitky světla
a kvůli jemnému dešti,
ještě neusazená, se rozptýlí
a vyprchává a rozpadává se
prchající stín nepřístupné růže,
které kočovný vítr zmařil dotek.

Ale já jsem pohladil její pleť a byla tam:
má láska spala, nicméně byla přítomna,
a vůně i dotek přetrvávaly
jakoby vtisknuté uvnitř mě poté, co jsem pohladil
okraj rtů, jablíčka tváří
jako bych se dotýkal hladkého povrchu
tůně, a v ní usazeného kalu,
ještě vlhkého od krůpějek potu:
hladké čelo, kde srdce
zadrželo otřesené svou ztrátu
a spočinulo jako otevřená rána,
která se uzavře nad trnem.

 

 

Marcel van der Veer (Arnhem, Países Bajos, 1.963) es licenciado en Quimica por la Universidad de Nijmegen y doctor en Física Aplicada por la Universidad de Twente. Empezó a trabajar para Quaker Chemical en el año 1.993 y actualmente ocupa el cargo de jefe de laboratorio en dicha empresa. Marcel es autor de Algol 68 Genie, un compilador para el lenguaje de programación Algol 68 para Linux. Junto a Montserrat Vidal Garcia tradujo al holandés el poema “Un Nido”.

Een nest

Gelukkig wie vertrekt met verankerd hart
Want al keerde hij nimmer terug, altijd
Zal hij thuis zijn. Gelukkig wie komt en gaat
Langs onbekende wegen van de voorspoed,
deze volgend in diens geheime diepten,
zijn geliefde, zijn illusies en zijn niets.
Vooral als hij aan gefluister van zijn stem
Gebonden, slechts zijn gemompel indachtig,
zich aanhoort en zegt „hier sta ik“ tegelijk
als hij de wereld voelt, ziet en beluistert,
en of hij het verstaat of niet, het raakt hem,
het verwart hem, ontroert hem, het verrast hem,
de grondvesten van zijn ziel laat het beven,
in wezen en in bewustzijn klinkt het door.
 
Gaat de wind aan de prille stengel voorbij,
wiegt het briesje de abelen, gebogen:
gelukkig de tak, als gelukkig het blad.