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La muerte de Eros

CAPÍTULO TRES:

Advertencia: El presente texto contiene imágenes relacionadas con su contenido, y son meras sugerencias ilustrativas del mismo. Para un público adulto ni el texto, una simple visión personal sobre ciertos aspectos morales en mi propia producción literaria, ni las imágenes que lo acompañan, que establecerán algunas analogías entre arte, erotismo y pornografía, serán consideradas ofensivas. No obstante, pudieran herir la sensibilidad de algunos lectores: queden, pues, prevenidos: cada apunte se acompaña de una “calificación cinematográfica” MPPA (Motion Picture Association of America), no sin cierta intención irónica.

 

 

Geometría del Desconcierto: Las bacantes, páginas interiores.

Correlato visual de Jaime García (Geometría del Desconcierto Ediciones, 2009)

 

 

LA MUERTE DE EROS

“Después de esta guerra habrá otras. Serán viudas más mujeres que gobiernos, porque siempre habrá más asesinos que leyes”

FERNANDO JAÉN ÁGUILA. De Los ciclos brutos  (Ediciones La Vela, 2012)

Si en las entregas anteriores de este cuaderno, a través de mi experiencia en Geometría del desconcierto: Las bacantes, me centraba en la problemática del encaje entre autores y lenguajes de disciplinas artísticas distintas para llevar a cabo un proyecto común, e incidía en cómo la dilación en el tiempo de ejecución del mismo podía convertirse en su punto muerto o en un vivero de nuevas posibilidades creativas, hoy quisiera detenerme en otro importante conflicto que ya mencioné, sucintamente, en “La calidad de los fracasos”, este de sorprendente índole moral.

A partir de ahí, y en sucesivos capítulos relacionados con la extraordinaria tragedia de Eurípides, bajo el título general “La muerte de Eros”[1], me gustaría compartir algunas consideraciones sobre moralidad, erotismo y pornografía desde una perspectiva personal, a veces producto de mi propia experiencia y reflexión, en otras resultado de mi contacto con otros escritores o artistas y, por supuesto, de mis lecturas, películas, y producciones artísticas -en general- predilectas. En ningún caso pretendo elaborar un ordenado tratado al respecto, escribir una tesis o alcanzar novedosas conclusiones sobre un tema en el que, si no está dicho ya todo, poco ha de faltar.

También llamaré la atención sobre la no menos sorprendente epidemia de “moralidad apolínea” que se extiende sobre todas las estructuras democráticas del mundo contemporáneo, y todas las culturas, que presiento con amargura y temor como una de las amenazas más terribles que se ciernen sobre nuestra sociedad en una época de aplastante destrucción de derechos sociales y libertades tanto individuales como colectivas. Penteo y Dionisos continúan su eterna lucha entre el resplandeciente y acorazado orden de Estado contra el oscuro y viscoso inframundo ctónico.

De momento, Dionisos permanece preso en palacio. ¿Será Penteo, finalmente, descuartizado por las bacantes?


[1] Me he permitido elegir a Eros en representación de otros dioses: “La muerte de Dionisos” no hubiera sido entendida por algunos lectores, y “La muerte de Afrodita” generaría equívocos. El título está inspirado en “Lady Gaga and the death of sex” de Camile Paglia. The Sunday Times Magazine, thesundaytimes.co.uk.

 

 

Represión de la manifestación del 25-S. Madrid. Fotografía: Chema Moya. Agencia EFE. El País (ed.digital) 30 de septiembre 2012

 

Penteo despedazado por Ágave e Ino. (450-425 a.d.C.) Musée du Louvre, París. Fotografía: Marie-Lan Nguyen.

 

 

PRIMERA PARTE: DIONISOS APRESADO

“Soy pornógrafa. Desde la primera infancia vi que el sexo cubría el mundo entero. Sentía los ritmos de la naturaleza y las energías agresivas de la vida animal. Los objetos artísticos, en los museos y en la iglesia, parecían arder con belleza sensual. Las figuras de autoridad de la iglesia, la escuela y la familia, negaban o suprimían lo que veía, pero como Madonna, yo mantenía mi visión pagana. (…)

En este mundo tecnológicamente mecanizado de acero y de cristal los fuegos del sexo tienen que ser alimentados.  Es por esto que la pornografía debe seguir desempeñando un papel básico en nuestra vida cultural. La pornografía es un circo pagano de belleza, vitalidad y brutalidad, del arcaico vigor de la naturaleza. Debe romper todas las reglas, ofender toda moralidad. La pornografía representa la libertad absoluta de la imaginación, tal y como la veían los poetas románticos.”

CAMILE PAGLIA, Playboy, Octubre de 1992. Vamps & Tramps. Más allá del feminismo (Valdemar, 2001)

Apunte 01: La Venus de Willendorf. Categoría sexual 01: Recuerdos. Calificación MPAA: PG (se sugiere la evaluación de los padres)

“Me acuerdo” con bastante precisión del día que me enfrenté a la Venus de Willendorf: no pude evitar, contrariado, un pensamiento disidente. Tanto nuestro profesor, mientras proyectaba la diapositiva en la sala de filminas de mi colegio, como después el libro de texto, que reproducía la figura junto a unos sucintos comentarios, incidían en cuestiones que me parecieron meramente interpretativas y que olvidaban, a lo peor de forma interesada, la objetiva realidad artística de la obra, o tal vez su esencia: esto es, que aquella Venus era una desnuda y oronda mujer tallada con caracteres sexuales primarios y secundarios definidos por su evidencia indisimulada y su sobrada abundancia como se podrá apreciar en este detalle (Fuente: Art History Resources. 24.000-22.000 a.d.C. Caliza oolítica. Naturhistorisches Museum,  Viena). Que estuviera o no preñada me parecía una cuestión episódica, incluso cuestionable: también podría tratarse, sin mayores pretensiones representativas, de una hembra obesa de la Edad de Piedra. ¿Resultaba imposible considerar que el ancestral creador de la pieza, o su remota autora, encontrase deseables las féminas entradas en carnes? ¿Mi profesor no había visto todavía con sus amigos Amarcord?

Para el pensamiento ortodoxo, y tan decente, que el docente explicaba y el texto apuntillaría de forma goebbeliana en nuestras maleables personalidades púberes, la Venus de Willendorf no era una obra de arte carnal -tan carnal que parecía palpitar de vida bajo la caliza aunque fuese una reproducción fotográfica- sino una alegoría: un elogio de la fecundidad, acaso un talismán creado para favorecer la concepción, o una idealización de la capacidad femenina de crear vida. ¿Que todo ello fuera posible, además? Pues sí, pero siempre en segunda instancia. La didáctica, no obstante, ninguneaba una cuestión sustantiva y la manera de enseñarnos a mirar, la lectura doctrinal del desnudo, soterraba bajo una gruesa capa de suposiciones de carácter mágico la apabullante sexualidad del hecho artístico: la Venus de Willendorf era, antes que nada, la representación de una mujer, ejecutada con y por placer y, por qué no, destinada a proporcionar deleite sexual en sus espectadores a través de su contemplación. Yo hacía lo mismo con otras representaciones, como se verá en breve: con otro tipo de imágenes propias de nuestra época.

La educación, claro, percute en nosotros mediante la repetición estandarizada de mensajes previamente rumiados, que nos ahorran la primera digestión de los estímulos y cualquier proceso de reflexión personal. De este modo el Estado –ya sea laico, confesional, o directamente teocrático- lo sabe y la usa a conveniencia: nos enseña a mirar desde sus ojos para que todos veamos lo mismo, no nos educa para observar el mundo desde los nuestros. Así, aprobé el examen de arte prehistórico con buena nota: me conformé con la obsesiva posibilidad de la preñez de la Venus, y centré mi respuesta en el carácter alegórico de la estatuilla, simple exaltación de la maternidad. No solo estaba en un colegio, estudiaba en un colegio religioso y segregado –solo chicos, desde párvulos hasta COU, a principios de los ochenta, en aquella España casi predemocrática aún tras cuarenta años de dictadura franquista católica, apostólica y romana- y hasta yo era consciente, pese a mis poquísimas luces, de que mi calificación bajaría al sugerir que la figura pudo servir como aliciente erótico para la autosatisfacción de nuestros ancestros.

En mi caso –dicen que la experiencia es madre de toda ciencia, y permítaseme ser más específico de lo que recomienda el sentido común- puesto que no disponía de material pornográfico adecuado a los albores de mi sexualidad o a mi fantasía desbocada, ni había sido llamado por el camino de la escultura, debía inspirarme en los figurines de moda, con las recatadas chicas que aparecían en Burda Mode o las modelos del especial de moda de ¡Hola!, ya que en mi casa las labores de costura eran muy apreciadas. Ello me convertiría en un apasionado fetichista de las colecciones de bañadores, y en un insaciable coleccionista de catálogos de lencería íntima femenina.

Paulina Pourizkova en Sports Illustrated. Fotografía: John G. Zimmermann

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La venus de Urbino” (1538), Tiziano. Galería Uffizi, Florencia

 

Detalles de El nacimiento de Venus (1484), Sandro Botticelli. Galería Uffizi, Florencia.

En ese tiempo no llegué más lejos en mis cavilaciones íntimas (tanto que jamás las hice públicas por temor a que me considerasen un loco o un pervertido) en gran parte porque la exploración de mi propia intimidad me interesaba más que la especulación intelectual. Sin embargo, muchos años más tarde no me sorprendí al conocer que, según otra teoría, la figura podría haber servido para ser insertada en la vagina. Me interesó aquella osada idea, que había llegado muchísimo más lejos que la mía, aunque volvió a decepcionarme la coletilla inmediatamente posterior: una apreciación asociada a una premisa tan interesante persistía en el error de moralizar la carnalidad. Pudo ser utilizada “para eso”, sí, pero dentro de un rito de iniciación femenino arcano en una primigenia sociedad matriarcal, o en una ceremonia ritual de fecundidad, etcétera, etcétera, etcétera… La experiencia, y la experimentación sexual, se esfumaba en el contexto de un rito de fertilidad con la reproducción humana como axioma de fondo: sexualidad y procreación: que caiga el telón.

 

Apunte 02: La bacanal de los Andrios. Categoría sexual 02: Arte clásico. Calificación MPAA: NC17 – Adultos. No apropiado para menores de 17.

Ya había colaborado con anterioridad, hacia 1998, con el artista Jaime García. Participé con un texto en el número 2 de la revista Inediciones del equipo JGarcía, dedicado al muy apolíneo tema del metro patrón, en su bicentenario. Hacia 2007 me invitó a intervenir en una instalación titulada Tres estancias de un apartamento burgués y que desarrollaba un trabajo anterior llamado Imágenes. En cada uno de los espacios dispuestos para esta performance se desarrollarían tres aspectos de Eros: el amor ideológico, con base en las 120 jornadas de Sodoma del Marqués de Sade, el amor trascendente, representado por la poesía de San Juan de la Cruz y el amor sensual, a través de La bacanal de los andrios, de Tiziano.

 

 

La bacanal de los andrios (153-1526), Tiziano. Museo del Prado, Madrid.

Esta última obra forma parte de un encargo del duque de Ferrara, Alfonso I d´Este, para el Camerino de Alabastro, quien había solicitado a Mario Equicola, humanista y bibliófilo de la corte de su hermana Isabella, un programa de temas báquicos. Leonardo y Fra Bartolomeo fallecieron antes de culminar sus obras, Bellini y Dosso Dossi terminaron solo un lienzo, y Tiziano concluyó tres con la referencia de las Imágenes de Filostrato el Joven, tratado en el que se detallaban algunas obras de la antigüedad clásica que solo conocemos de forma indirecta, a través de sus descripciones: un arte inspirado en la apabullante descripción de Homero del escudo de Aquiles en la Ilíada. El Camerino era un pequeño aposento adyacente al Estudio de Mármoles, y sería destinado a contener una colección de obras sensuales, diametralmente distintas a las del Estudio, en el que predominaban representaciones de temas adustos. En Mantua, Federico Gonzaga, hijo de Isabella d´Este, encargaba a Giuliano Romano que pintara escenas eróticas para su Palacio de Placer.

En una de las entrevistas de Postlogos, refiriéndose al desnudo en el arte Jaime García, explica: “Kenneth Clark (…) comenta que algunos intelectuales mantienen que si el desnudo no es tratado de forma que despierte en el espectador deseos acordes con la carnalidad nos encontraríamos ante un arte falso. Él dice, y yo estoy de acuerdo, que ningún desnudo, ni el más abstracto, debe dejar de despertar un vestigio de sentimiento erótico: y si no lo hace es que nos encontramos ante un arte malo. Me parece que el erotismo es básico en el desarrollo del arte, especialmente si consideramos que la mayoría del arte creado en la historia lo ha sido por hombres. No estimo que Tiziano no tuviera un interés claro en establecer un aspecto erótico en su lienzo. Hablamos de un pintor formado en una Venecia sensual donde se visten tejidos fastuosos, donde se producen los mejores y más exquisitos colores, donde incluso cuando se impone el negro en la vestimenta este se vuelve matizado y rico y suntuoso… En ese contexto realiza la Venus de Urbino, que será la admiración de sus clientes aristócratas por su manifiesta lujuria. Se le proponen encargos especiales de colecciones de pinturas dedicadas a los placeres del vino, y de la contemplación, y del disfrute”  y establece una analogía entre uno de los personajes de La bacanal de los Andrios y la campaña publicitaria de Opium, de Yves Saint-Laurent, que llegó a prohibirse en algunos países.

 

 

 

Detalle de La bacanal de los Andrios (izquierda)

Tumbada sobre terciopelo y vestida con unas sandalias de tacón, una pulsera y un collar, la modelo Sophie Dhal. Este trabajo para Yves Saint-Laurent del fotógrafo Steven Meisel y el director creativo Tom Ford, publicado en 2000, ha resultado ser el más ofensivo de la historia según las reclamaciones de los británicos ante la Advertising Standards Authority. Fuente: Justomedio

 

A la izquierda Las tres gracias (1571) de Lucas Cranach, el Viejo. Musée du Louvre, París.

A la derecha fotografía de tres mujeres semidesnudas con sombrero: categoría dressing/matures.

Culminada la performance me propuso participar en un nuevo proyecto cuyos cimientos se encontraban en Las bacantes de Eurípides, y en la que el orden establecido, colectivo, normativizado, frío, viril –representado por Penteo, rey de Tebas- colisionaba con el orden natural, individual, libertino, volcánico, andrógino –encarnado en Dionisos, dios transgresor-. Compartíamos un vivo entusiasmo por la tragedia, pero él dispuso una perturbadora idea adicional sobre el mantel de nuestra conversación que, sin un breve e interesado resumen de la obra, resultará difícil de apreciar.

Apunte 03: Las bacantes. Categoría sexual 03: Literatura clásica. Calificación MPAA: PG-13 (se sugiere la evaluación de los padres: puede contener material considerado como no apropiados para menores de 13 años.)

Simplificando algunas líneas maestras del argumento hasta extremos ruborizantes, Dionisos irrumpe en un mundo armónico ideal donde la mujer está integrada en una sociedad patriarcal como simple herramienta de producción: es esposa, es madre, es tejedora. Su existencia es lineal, como la historia de la humanidad a la que procuramos sobrevivir en la era actual, no cíclica, como lo fue en el pasado. Dionisos, el extranjero, subvertirá el status quo tebano al conducirlas al monte, donde tendrán lugar las bacanales.

Habla Penteo: “Estaba ausente de esta tierra cuando supe que extrañas cosas sucedían en Tebas: que las mujeres se habían ido de casa en medio de fingidos delirios báquicos y corrían por los bosques sombríos, a ese Dióniso, el que sea, honrando con sus danzas. Que en medio de los coros en pie estaban las cráteras, llenas de vino, y cada una se escabullía a algún sitio escondido y se daba a yacer con los varones: dicen que son bacantes dedicadas al culto, pero colocan a Afrodita por delante de Baco” (Alianza Editorial bt 8260. Traductor: Francisco Rodríguez Adrados. Las bacantes/Geometría del desconcierto, Documento 1: Primera lectura anotada, septiembre 2007).

 

  Sátiros y bacantes danzando (fradive.webs.ull.es)

Tras una tensa lucha ideológica, Dionisos convence a Penteo para que se travista de bacante y conozca qué sucede en ese mundo subvertido y subversivo que tanto parece temer. Cuando las bacantes, entre las que se encuentra su propia madre, advierten su presencia, se arrojan sobre él como una jauría salvaje y descuartizan al rey.

 

 La muerte de Penteo. Casa de los Vettii, Pompeya. Fotografía: Alfredo y Pio Foglia.

“La madre, la primera, comenzó como sacerdotisa el sacrificio y cae sobre Penteo. Él arrancó de sus cabellos el gorro para que al reconocerlo la desdichada Ágave no le diera muerte y le dice, tocando su mejilla: Soy yo, madre, al que pariste en el palacio de Equino: compadéceme, madre, no mates a tu hijo por mis pecados. Pero ella, echando espuma y girando sus pupilas extraviadas, no en uso de razón cual debería, por Baco estaba poseída, y su hijo no lograba persuadirla. Tomando por el codo el brazo izquierdo y apretando el pie contra el costado del infortunado, arrancó el hombro, no usando su fuerza, sino que el dios hizo fácil el trabajo de sus manos. Ino entre tanto en el otro lado trabajaba desgarrando las carnes (…)”.

 

 

Apunte 04: Un dilema moral. Categoría sexual 04: Creación artística. Calificación MPAA: PG-13

Jaime García tenía una visión muy concreta del proyecto en su conjunto, y muy clara sobre los turbadores aspectos que subyacían en la tragedia clásica griega. Sin embargo, durante aproximadamente un año, y aun a pesar de nuestras numerosas reuniones de trabajo en las que intercambiábamos información tanto entre nosotros como con el compositor y el productor del proyecto, estuve trabajando más en la recreación de Las bacantes, en una adaptación “cantable e interpretable”, que en una obra de creación pura. ¿Qué determinaba que, pese a la libertad absoluta que se me concedía para llevar a cabo el libreto de una ópera contemporánea, me resistiese tanto a asumir las intenciones intelectuales de su autor?

 

Resultó sencillo encontrar al primer sospechoso, por su ausencia: Tiresias, “el que se deleita con los signos”,  quien había sido condenado a la ceguera y premiado con el don de la videncia, era uno de los personajes que más me atraía de la obra original aunque fuese un “actor” secundario. Por cuestiones ajenas a mi voluntad y relativas a la concepción musical del proyecto, fue sacrificado. Figura accesoria o no,  entendía determinante su presencia en mis primeros esbozos de la ópera por su experiencia vital: Tiresias había sido hombre y mujer, e incluso llegó a ser una célebre ramera (Robert Graves, Los mitos griegos, 105 h) lo que le convertía en una útil pieza para la construcción de mi idea inicial, en una obra donde todos los personajes masculinos se travisten para acceder a las bacanales femeninas: los ancianos Tiresias y Cadmo –abuelo de Penteo- y el propio rey tebano.

 Portada de Tiresias, de Marcel Jouhandeau. La Sonrisa Vertical SV131. Tusquets Editores.

 

“¡Otra irrisión! Estoy viendo al augur revestido de pieles moteadas de cervato, a Tiresias; y al padre de mi padre ¡vaya risa!, haciendo de bacante con el tirso. Me resisto, abuelo, a contemplar vuestra vejez carente de cordura. ¿No tirarás la yedra? ¿No dejarás tu mano libre del tirso, padre de mi madre? Tú fuiste el que lo convenció, Tiresias. Pretendes, cuando traes a los hombres ese nuevo dios, examinar el vuelo de las aves y sacar tu salario de los sacrificios. Si tu vejez canosa no te salvara, estarías ahora encadenado rodeado de bacantes por traer cultos perniciosos: pues cuando beben las mujeres el zumo brillante de la uva nada sensato puede derivarse de esas ceremonias de iniciación”. (Las bacantes/Geometría del desconcierto, Documento 1: Primera lectura anotada, septiembre 2007).


 

Johann Ulrich Kraus (ed. 1690)

Tiresias transformado en mujer (*)

Fuente: latein-pagina.de/ovid

 

 

 

 

 

 

Ovidio, Metamorfosis, Libro III, 316-338

“Dumque ea per terras fatali lege geruntur

tutaque bis geniti sunt incunabula Bacchi,

forte Iovem memorant diffusum nectare curas

seposuisse graves vacuaque agitasse remissos

cum Iunone iocos et ‘maior vestra profecto est,

quam quae contingit maribus’ dixisse ‘voluptas.

‘illa negat. placuit quae sit sententia docti

quaerere Tiresiae: Venus huic erat utraque nota.

nam duo magnorum viridi coeuntia silva

corpora serpentum baculi violaverat ictu

deque viro factus (mirabile) femina septem

egerat autumnos; octavo rursus eosdem

vidit, et ‘est vestrae si tanta potentia plagae’

dixit, ‘ut auctoris sortem in contraria mutet,

nunc quoque vos feriam.’ percussis anguibus isdem

forma prior rediit, genetivaque venit imago.

arbiter hic igitur sumptus de lite iocosa

dicta Iovis firmat: gravius Saturnia iusto

nec pro materia fertur doluisse suique

iudicis aeterna damnavit lumina nocte;

at pater omnipotens (neque enim licet inrita cuiquam

facta dei fecisse deo) pro lumine adempto

scire futura dedit poenamque levavit honore.”

Johann Ulrich Kraus (ed. 1690)

Tiresias da la razón a Júpiter

Fuente: latein-pagina.de/ovid

 

 

 

 

 

 

 

 

Traducción de Ana Pérez Vega.

“Y mientras estas cosas por las tierras, según fatal ley, pasan,

y seguros del dos veces nacido están los paños de cuña, de Baco,

por azar que Júpiter, recuerdan, disipado él por el néctar, sus cuidados

había apartado graves, y con la desocupada Juno agitaba

remisos juegos, y: «Mayor el vuestro en efecto es,

que el que toca a los varones», dijo, «el placer».

Ella lo niega; les pareció bien cuál fuera la sentencia preguntar

del docto Tiresias: Venus para él era, una y otra, conocida,

pues de unas grandes serpientes, uniéndose en la verde

espesura, sus dos cuerpos a golpe de su báculo había violentado,

y, de varón, cosa admirable, hecho hembra, siete

otoños pasó; al octavo de nuevo las mismas

vio y: «Es si tanta la potencia de vuestra llaga»,

dijo, «que de su autor la suerte en lo contrario mude:

ahora también os heriré». Golpeadas las culebras mismas,

su forma anterior regresa y nativa vuelve su imagen.

El árbitro este, pues, tomado sobre la lid jocosa,

las palabras de Júpiter afirma; más gravemente la Saturnia de lo justo,

y no en razón de la materia, cuéntase que se dolió,

y de su juez con una eterna noche dañó las luces.

Mas el padre omnipotente -puesto que no es lícito vanos a ningún

dios los hechos hacer de un dios-, por la luz arrebatada,

saber el futuro le dio y un castigo alivió con un honor.”

 

(*) Robert Graves en Los mitos griegos (cap. 105, 5) apunta que la aparición de Tiresias “un título común entre los adivinos (…) indicaba que Zeus le había concedido una vida notablemente larga. En el sur de la India aún se considera signo de mala suerte ver serpientes copulando, según la teoría de que el testigo será castigado con la enfermedad femenina (como la llama Herodoto), a saber, la homosexualidad”.

 

Al perder a un personaje que me proporcionaba tantas posibilidades para desarrollar algunas ideas, apunté a otro sospechoso: a mi propia creatividad. La culpable de mi frustrante incapacidad para ir más allá del texto original de Eurípides era mi escaso fuste poético, mi músculo literario, cuando no mi propia manera de entender la poesía como suma de emoción y lenguaje, belleza e inteligencia, armonía y tensión, sugerencia y verismo. Mi poesía chocaba contra la radicalidad del planteamiento artístico que Jaime García nos había planteado.  Mi primera adaptación, tan buena o nefasta como se quiera, consagraba la moralidad implícita en la tragedia…  No sabemos lo que ocurre en las bacanales por sus protagonistas, sino por aquello que algunos hombres dicen que en ellas pasa;  el andrógino –pérfido- Dionisos es quien engaña a Penteo para provocar su destrucción; Ágave, advertida por el anciano Cadmo del crimen que ha cometido, culpa, nuevamente, a el extranjero. La sexualidad se referencia de forma indirecta; Penteo es forzado a travestirse por una deidad, por un ser superior; Ágave no es responsable de su asesinato. Sin embargo la propuesta artística exigía que la carnalidad se desvelara, que Penteo se travistiera por placer, y que Ágave reivindicara la muerte de su hijo como un acto de libertad. Aquel pensamiento chocaba, ahora, con mi propia educación. Debía centrarme en las acciones de los personajes, no en la trama que dispuso Eurípides para explicarlas.

La educación percute, comenté, y los Estados la dirigen en función de intereses no solo políticos, sino fundamentalmente de poder: la correcta educación de los niños y jóvenes hará de ellos ciudadanos convenientemente programados, aptos para la producción, el mantenimiento de la estructura piramidal, y el sostenimiento de la autoridad, ávidos de consumir aquellos productos que se le permitan consumir. No todos, claro, y desde luego no a cualquier precio. Nuestros estados dictan constantemente leyes normalizadoras, reglamentan cada uno de los aspectos de nuestra vida y, al mismo tiempo que pueden consagrar la inviolabilidad de nuestra correspondencia disponen ciberpolicías para vigilar las páginas web que visitamos, permiten –no siempre- la manifestación y la reprimen con violencia mientras consideran el sadismo una perversión o una enfermedad que precisa tratamiento clínico. Pero no solo somos apresados, interrogados y juzgados, como Penteo apresó, interrogó y juzgó a Dionisos: incluso desde las formas más avanzadas de pensamiento nuestra sexualidad, nuestros públicos o secretos vicios, nuestra libertad más íntima es acorralada por un pensamiento emasculador.

Eso intentamos poner de relieve en el libreto, en su tercera versión (sin anotaciones ni comentarios), con Geometría del desconcierto: Las bacantes. Y bajo esta premisa emprendimos, ya solos él y yo,  Los viajes de Dionisos.