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El sentido de la urgencia

CAPÍTULO DOS

“Cuando dibujé los baobabs me impulsó el sentido de la urgencia.”

ANTOINE SAINT-EXUPÉRY

Otra cuestión capital en cualquier proyecto es el plazo de ejecución del mismo, no tanto por sus repercusiones más evidentes sino por su incidencia en la calidad. Cuando hablamos de construcciones civiles de cierta envergadura pensamos solo en las consecuencias logísticas, económicas, e incluso judiciales que ocasionan los retrasos en la realización de una obra: pero al final se valorarán las consecuencias, se cuantificará el coste de las mismas, y se alcanzarán -o no- acuerdos. Pero una cosa es segura: la dilación en la fabricación de un edificio o en una actuación urbanística de calado no presupone su excelencia final sino que, al contrario, es previsible que deteriore el resultado. Cuando se acercan los plazos previstos, y en primer lugar, se descuida el trato que requiere cada material: lo fundamental, en este momento, es que la construcción parezca terminada cuando se entrega: ya habrá tiempo para su reparación, después, conforme los fallos se manifiesten.

El retraso en la ejecución de una obra artística también causa daños secundarios, no tan obvios: en razón de su escala, y de su singularidad, su repercusión se circunscribe al terreno artístico y sólo afecta a su autor. Pero del mismo modo que hemos visto antes en el ámbito industrial, la fecha prevista para la inauguración de una exposición, o de una instalación, obligará al artista que no planificase adecuadamente su intervención a forzar su obra, a tomar decisiones arriesgadas en detrimento, quizá, de la idea inicial o de su materialización final. El sentido de la urgencia, aquí, mermaría la capacidad de análisis del creador y, aunque no cause daños a terceros, afecta a la calidad del resultado. Tal vez el espectador no perciba este menoscabo, como el propietario de una vivienda nueva no percibe resaltes en la solería hasta que tropieza con ellos, ni los defectos en los cerramientos exteriores, los descuadres en la carpintería o que, sencillamente, su caldera no funciona. En este ámbito, sin embargo, todo tiene arreglo: un oportuno pulido, una mejora en el calibrado de un cierre, la corrección de un desplome o la sustitución de una válvula nos darán una solución razonable a un problema insoluble: la solería está mal colocada, el peso de la carpintería metálica terminará venciendo el apaño, la puerta volverá a rozar contra el suelo, y la sustitución de la válvula, necesaria, escondía un problema en el regulador de presión. Todo tiene arreglo si es susceptible de chapuza. En el arte, si lo es, no.

Es evidente que son muchas las diferencias entre la fabricación de un edificio, el acondicionamiento o mejora de un vial, y una obra de arte. La exageración del ejemplo anterior, no del todo inocente, me sirve, sin embargo, para situar la exposición Entre Apolo y Dionisos de Jaime García en un contexto que considero de interés para comprender la obra presentada enla Bibliotecade Andalucía-Biblioteca Provincial de Granada, y para comentar sucintamente varios aspectos relevantes de la creación artística como la planificación del trabajo, la estrategia creativa, y la ejecución material.

Hablábamos con anterioridad de las consecuencias de las demoras en el resultado final de cualquier proyecto de gran amplitud. Pero estas no son necesariamente nocivas para una inteligencia creativa ordenada. Entre Apolo y Dionisos, sin ser un efecto del retraso en la materialización efectiva, esto es, la representación del poema escénico Geometría del Desconcierto: Las Bacantes, sí está íntimamente ligado a la necesidad de superar esa rara inercia que genera cualquier situación de estancamiento en la planificación, cuánto más en un artista activo que, como él mismo confiesa, considera el arte como la herramienta más eficaz de conocimiento y exploración de todos los factores que determinan nuestro mundo y nuestro ser en el mundo. En efecto, el proyecto Geometría del desconcierto: Las Bacantes se encuentra en un momento en el que la tarea de producción sólo requiere puntuales intervenciones artísticas, toda vez que el diseño artístico básico está ya perfectamente armado. La estrategia creativa, como técnica y conjunto de actividades destinadas a conseguir un objetivo artístico, con contratiempos subsanados de forma eficaz, ha sido un éxito; ahora corresponde turno a la labor de producción que precisa su propio ritmo, estrategias y métodos para materializar los objetivos ya alcanzados.

El pensamiento artístico creativo, no obstante, por más reflexivo que sea, no se detiene jamás: es necesariamente dinámico, por lo que se ve impelido a maniobrar en laderas, mesetas o simas tanto o más que cuando se enfrenta a una pared rocosa o corona la cima de un propósito. Por ello, situar la génesis de Entre Apolo y Dionisos entre el poema escénico inspirado en la obra de Eurípides y La tensión de la forma, exposición que se presentará a finales de 2011, no me parece desacertado: nutriéndose de la profunda lectura del texto clásico tiende un puente, necesario, para enfocar la tragedia esta vez sólo a través de sus dos personajes principales. Ya en el libreto Geometría del Desconcierto: Las Bacantes, se prescindía de un personaje, Tiresias. En El friso del conflicto, además, serán Cadmo y Ágave quienes desaparezcan para centrarnos en Dionisos, como potencia individual, representante del orden natural, y Penteo, como fuerza social, arquetipo de la razón de estado, y tan terrible antagonista del individuo como el individuo lo es de sí mismo: en el ser humano coexisten, siempre en tensión, la locura y la cordura, la razón y el instinto, la contención y la pasión: la lógica del pensamiento y la lógica del deseo.

Entre Apolo y Dionisos no es sólo el germen de la futura exposición, ni  sólo un apunte estructurado de la misma. Es prefacio material de material futuro. Y es libro de artista. También contiene elementos determinantes de la progresión de una lectura nada convencional del drama que Eurípides sella por parte de Jaime García. Sirva de ejemplo el cuadro Ubriaco, de la instalación Tres estancias de un apartamento burgués presentada en el Instituto de América de Santa Fe en 2007, con el que está sutilmente conectado. En esa “mancha” de vino y acrílico sobre una burda loneta están la reivindicación inicial del dios en la tragedia y el río de vino que Dionisos hace brotar de las piedras de la isla de Andros en las imágenes de Filostrato tanto como la intención de un programa de pintura para El friso del conflicto que, como el propio autor señala, incorporará “telas sin imprimación, pintura diluida y una ejecución sin ninguna planificación ni referencias”, y que rompe con él con la intención de obtener con las obras “un resultado tosco y casi primitivo”: la planificación formaba parte de un proceso anterior y La bacanal de los andrios formaba parte de otra estrategia creativa. Lo que se esboza ahora es el enfrentamiento radical entre los antagonistas sin personajes intermediarios. E ideas remozadas. Jaime García se dispone a abordar el conflicto esencial que afronta cada ser humano consciente de su mortalidad, que nos desgarra, superando el marco previo en el que la tragedia clásica se desarrolla: los personajes de la misma son definitivamente referenciales y este desenfoque se vuelve determinante para entender que aquello que se expone es reflexión propia sobre la condición humana, pensamiento de una cualidad concreta –artística-, y no una revisión de algo ya acometido con anterioridad.

Progresar no siempre significa ir hacia adelante: a veces progresar implica ir hacia adentro. Y este ir hacia adentro, lejos de suponer una mera comprobación de estado, una parada táctica, o un retroceso en el pensamiento, resulta trascendental para comprender la dimensión de la labor de planificación y la estrategia en la creación: después, la excelencia en el método que requiera el tratamiento de cada materia nos dará la ejecución formal de la obra, y la singularidad en la ejecución rasgos del fuste del artista.

La muestra Entre Apolo y Dionisos prefigura una de las lecturas artísticas más inquietantes, turbadoras y profundas de una obra clásica de las que desde mi humilde, pero privilegiado punto de vista como observador de la obra de su autor, pueda dar testimonio. Especialmente interesante porque, al margen de las obras seleccionadas que la componen, su carácter de exposición de cámara es revelador de una forma de enfocar el discurso del creador. Jaime García nos muestra, en una suerte de desnudo al natural, los distintos procesos de construcción de una pieza que aún no ha sido materializada pero que, por su propio contenido, trabaja como un mecanismo autónomo de su función final: un libro que, aún, no existe. Nos encontramos, pues, ante el andamiaje de una construcción que, por más paradójico que parezca es, y no es, el edificio que será y, al mismo tiempo, es boceto previo de una obra consumada.

Hasta ahora he intentado sugerir el rigor de una planificación de causa a consecuencia, no gestionada desde la inminencia de los plazos. Cuando el Arte no se origina por encargo el pensamiento artístico ni se plantea a corto ni se materializa a medio plazo. En cuanto a la estrategia creativa de autor, no forma parte necesaria de la planificación: mientras ésta atañe a factores temporales, que buscan el cumplimiento de unos objetivos de producción, la primera obedece a fines intemporales, que atañen al pensamiento del artífice y nos procuran las claves de un rasgo diferenciador, del carácter propio del artista.

Por ello Entre Apolo y Dionisos resulta una muestra excepcional para apreciar al detalle la estrategia de creación de Jaime García. Veremos cómo a una obra no sucede otra, sino que surge otra, y cómo se reelabora, generando nuevos puntos de partida, su propio pensamiento artístico. Veremos cómo las obras, con independencia de la planificación de un proyecto y de su funcionamiento respecto a obras precedentes, e incluso sucesivas, suponen punto y seguido, punto y aparte, o punto y final en función de una táctica intelectual que a través de diferentes técnicas artísticas se consuma sin consumirse. O cómo el proceloso decurso creativo, en forma de notas, citas y apuntes gráficos que ha ido elaborando a lo largo del tiempo se transfigura en discurso. Veremos, en suma, cómo la suma de distintas secuencias de una idea central produce resultados materiales no forzosamente diagonales circunscritas, ni directamente tangenciales a la misma; cómo el pensamiento artístico representa un cosmos-isla que funciona con reglas geométricas que sólo se entienden desde la razón del arte en una cultura que sólo entiende de mecánica de mercado; y cómo el sentido de la urgencia en la creación, en ocasiones no obedece a un error de planificación, sino a un sentido de la estrategia.

“A veces no hay inconveniente en dejar para más tarde el trabajo que se ha de hacer; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre una catástrofe”

ANTOINE SAINT-EXUPÉRY