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José Ignacio Barrera

LA ALHEÑA Y LOS MOTIVOS DE LA CERAMICA ANDALUSI (SS. XIII-XV)

“La pequeña Fátima cogida de la mano de su madre, salía una tarde de verano del baño (hammam) de su alquería (qarya). Era la primera vez que iba a ese lugar y fue toda una experiencia. Las sensaciones vividas junto a su madre y en compañía de las otras mujeres, hacía que se sintiera mayor. Pero lo que más le fascinó fue ver como su madre pagaba a una masita para que le decorara las manos con alheña. La niña con ojos vivos prestaba atención a los dibujos que la anciana trazaba y al significado de cada uno de ellos.

De vuelta y antes de llegar al hogar, pudo ver como su vecina dejaba la impronta de la mano manchada de alheña junto a la puerta de su casa.

Era ya la hora de cenar, y sentados en esteras la familia degustaba la comida y bebida servida en ataifores y jarritas. Reconoció aquellos dibujos hechos con alheña en las decoraciones que adornaban las cerámicas, que diariamente veía y que ahora comprendía. Su padre Hassan, pastor de profesión, contaba que había encontrado junto al viejo castillo (hisn) una pieza de su rebaño que el día anterior se extravió. Estaba muerta y aves de rapiña la devoraban.

Casi vencida por el sueño la pequeña se reclinó en un jergón extendido sobre esteras, cuando se percató de la similitud que mostraba el motivo pintado sobre una alacena y los dibujos de las manos de su madre. Recordando el significado de todos esos dibujos con los que convivía y acariciando la hamsa que colgaba de su cuello desde siempre, se quedó profundamente dormida”. (1)

LA ALHEÑA EN AL-ANDALUS

La alheña es una planta de la familia de las litráceas, identificada en latín botánico como Lawsonia inermis, en árabe hinna´. Alcanza una altura aproximada de dos metros, ramosa, con hojas casi persistentes, opuestas, aovadas, lisas y lustrosas. Con racimos de flores pequeñas, blancas y olorosas. Los frutos son bayas negras, redondas y del tamaño de un guisante. El polvo al que se reducen las hojas de la alheña, cogidas en la primavera y secadas después al aire libre, sirve para teñir.

Esta planta ya se cultivaba en al-Andalus y fue un agrónomo toledano del siglo XI, Ibn Basal, el primero que la nombra en su tratado de agricultura el Kitab al-filaha. Este tratado sería posteriormente comentado por otros autores como Ibn al-Awwan en el siglo XII, que se queja de que el clima en Sevilla no es muy propicio para el cultivo de la alheña, e Ibn al-Beytar ya en el XIII (Albarracín, 2000: 431).

Se cultivaba en Andalucía y en otras zonas como Levante, Extremadura, Castilla, etc., incluso en el siglo XVI así lo hacían los moriscos almerienses, según relata Luis del Mármol Carvajal en el Libro IV, Capítulo XXV de su libro. (2)

El almeriense Ibn Luyun, del siglo XIV, en su Libro de Agricultura (Kitab al-Filaha) dedicará unas páginas muy detalladas al cultivo y molienda de la alheña:

“Modo de moler la alheña. La alheña se muele después de untarla de aceite. Para un cuarto de alheña va bien libra y media de aceite. Una vez untada de aceite u otra grasa semejante, a la que se le mezcla semilla de linaza en gran cantidad, con ella se frota la alheña” (Albarracín, 2000: 432).

Pero hay referencias anteriores a esa molienda, como una noticia según la cual un nieto de Abd al-Rahman III arrendó en cierto momento su parte de los molinos de alheña que funcionaban en Córdoba (Marín, 2011: 280). También consta en el siglo XIII del empleo por parte de musulmanes andaluces, de numerosos esclavos cristianos en la molienda de alheña (Menéndez, 1986: 103). Incluso en el Don Quijote de Cervantes se alude a la molienda de la alheña:

“…yo pondré silencio en mis rebuznos, pero no en dejar de decir que los caballeros andantes huyen y dejan sus buenos escuderos molidos como alheña o como cibera en poder de sus enemigos”.

LOS DISTINTOS USOS DE LA ALHEÑA

Son varios los usos que se hacía del polvo resultante de la molienda de las hojas de alheña: como fármaco o uso medicinal, para tintar los tejidos, como cosmético y como motivo decorativo-simbólico.

Como fármaco o producto medicinal

Sabemos que al nacimiento de una niña o un niño, el cuerpo del recién nacido se recubría con un preparado líquido hecho con agua de alheña y manteca, a modo de desinfectante. De esta manera, el bebé envuelto en una tela, permanecería así un día para proteger su piel contra las enfermedades que pudiera contraer (Martínez y Albarracín, 2009).(3)

Queda atestiguado por varios autores, que se empleaba una pasta depilatoria en los baños. Ante esto, Ibn Habib aconseja: “Quien entra en el baño y vierte pasta depilatoria sin poner un poco de alheña, le puede alcanzar la lepra y no podrá reprochar a nadie más que a sí mismo” (Reklaityte y Martín, 2008: 335).

Como tinte de tejidos

La alheña, aunque sus hojas trituradas servían para teñir de color rojizo los tejidos, tal y como mencionan las fuentes, no se han detectado en los tejidos analizados restos de aquella (Rodríguez, 2012: 272).

También se daban fraudes en las actividades de los drogueros sevillanos de comienzos del siglo XII, tal y como denunciaba Ibn `Abdun en su tratado:
 

“Algunos drogueros emplean las hojas de la pequeña cambronera (en árabe jullab) para verdear la alheña, porque en efecto, esta hierba da a la alheña brillo y un verdor muy brillante; pero es un fraude” (García y Lévi-Provençal, 1982: 154).

Como cosmético

Se empleaba en al-Andalus indistintamente por hombres y mujeres, aunque usada más frecuentemente por las mujeres. Los hombres la usaban para tintarse el cabello y la barba principalmente, y las mujeres para los cabellos, las manos incluidas las uñas y los pies.

La costumbre de tintarse los hombres el cabello y la barba, procede de Oriente y fue introducida en la Península con la expansión del Islam. En torno a esta costumbre surgen una serie de Tradiciones Proféticas, entre las que destaca un dicho atribuido a Mahoma: “El mejor tinte con el que podéis cambiar el color de vuestro pelo blanco es la alheña mezclada con katam” (Marín, 2011: 280).

O también lo que señala Ibn Habib con respecto al eterno Edén: “…el Profeta –Dios le bendiga y salve – dijo: La alheña es la señora del arrayán de los habitantes del paraíso” (Tena, 2008: 60).

Así mismo, parece que el primer califa, Abu Bakr, se teñía la barba con alheña y katam (Marín, 2011: 280).

Siguiendo esta línea algunos de los emires omeyas de al-Andalus usaban de tintes tal y como los describe Ibn Idari (Marín, 2011: 278):

Abd al-Rahman II (r. 206-238/822-852) era “alto, moreno, de nariz aguileña, de grandes pupilas negras, con los párpados alcoholados; tenía una gran barba teñida de alheña y de katam.

Muhammad (r. 238-273/852-886) era “de tez blanca algo rojiza, rechoncho y de barba abundante que teñía con alheña y katam.

Al-Mundir (r. 273-275/886-888) era “moreno, de pelo rizado, con huellas de viruela en el rostro; se teñía con alheña y con katam.

Y esta costumbre parece haberse dado también en personajes de alta clase de la sociedad andalusí del siglo IX, que les supuso, a veces, la crítica de sus colegas. Es el caso del juez de Córdoba Muhammad b. Basir que se adornaba con alheña y alcohol (Marín, 2011, 281) o el ulema de Jaén, Mahbub b. Qatan al-Bakri que vestía sedas y llevaba los pies teñidos de alheña (Fierro y Marín, 1998: 77).

En la Sevilla del siglo XI parece que sólo las mujeres estaban autorizadas a llevar las manos tintadas de alheña y se le acusa a Abu-l-Mutarrif Ibn al-Daabbag de tintarse los dedos como ellas (Pérès, 1953: 313):

“-No son las mujeres- se decía de él, quienes se tiñen los dedos, sino los hombres que ocupan los puestos más honorables, os lo juro.”

Y él protesta:

“En Sevilla se desprecia a los hombres más notables y se les imputa cosas vergonzosas, mientras que los tontos son honrados cuando mancillan la dignidad de los hombres respetables”.

En el siglo XIV al-Umari nos dice que los andaluces cuidaban su pelo y se lo tintaban de alheña, mientras no fuera totalmente blanco. Ibn al-Jatib nos habla sobre el qadi de Purchena, Ibn Abi Jalid al-Balawi, que llevaba la barba teñida con alheña y cártamo (qurtum).

Así mismo, Muhammad VI era llamado el Rey Bermejo por los cronistas castellanos, debido al color de su pelo y barba. Algunos personajes nazaríes aparecen con sus barbas alheñadas en las pinturas de la Sala de los Reyes de la Alhambra (Arié, 1993: 301).

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Personajes posiblemente con las barbas teñidas de alheña de la Sala de los Reyes en la Alhambra.

Pero eran las mujeres las que hacían un mayor uso personal de este producto. La utilizaban para tintarse las manos, uñas, pies y cabellos, y así lo cuentan los poetas:

Dice en el siglo X Ibn Hazm en El collar de la paloma: “…brillaba como las incisiones del tatuaje en el dorso de la mano” (García, 1989: 205).

Un siglo despues, así habla Abu Bakr Ibn `Iyad al-Qurtubi de una mujer a la que amaba: “Ha teñido (jadabat) sus dedos (anamil) de negro (sawad); y es que raramente he visto cálamos sin tinta (midad)” (Pérès, 1953: 313-314).

También las flores del granado fructífero (nawr al-rumman), las compara un poeta con manos teñidas de alheña: “Admira el gran granado cuando aparecen sus flores: se diría manos de (hermosas mujeres como) estatuas (duma) teñidas con hené, o dedos de palomas gris ceniza (wurq), o cajas (hiqaq) que se han abierto para dejar ver túnicas (gala`il) centelleantes en su centro” (Pérès, 1953: 186).

“…hermosas teñidas son sus manos,
y hermosas también si el tinte se va”, decía Ibn Quzmán en el siglo XII (Corriente, 1989: 76).
¿Quién me excusará? ¿Quién me ayudará? ¿Quién me hará justicia?
Bint al-Munsafi ha derramado mi sangre
con el sable de una mejilla, cortante como la espada, un talle erguido
como las lanzas
y las flechas de unos ojos que, desde los arcos de las cejas, arrojan las
saetas de las pestañas, con miradas furtivas.
Sus manos vertieron mi sangre y puede verse la huella en la punta de
sus dedos…

De esta manera Ibn Jatima en el siglo XIV, alude a la sangre de las heridas del amado causadas por la amada, que se reflejan en las manos de ésta última teñidas de alheña (Gisbert, 1975: 87).

Sobre el teñido del cabello, Abu Tamman al-Hayyam, lo compara con buitres desgarrando los cuerpos de los muertos de una batalla (Pérès, 1953: 360):

“Vemos a los buitres (nars), mientras que los (cadáveres de) los muertos son tan numerosos como los guijarros, a los que esas aves han despedazado las entrañas y el pecho,
teñido de rojo por lo que han comido, como mujeres ancianas que hubieran teñido con alheña mechas (de cabellos)”.

En el Libro de los Juegos de Alfonso X, aparecen mujeres con las uñas, dedos, manos y pies teñidos de alheña (fol.48 r y fol. 54 r). En dos de las figuras vemos los dedos pintados de negro con puntos en el dorso de las manos (fol.18 r y fol. 52 r) (Menéndez, 1986: 95,103). Tambien en las pinturas de la Sala de los Reyes de la Alhambra se pueden ver algunas mujeres, aunque vestidas a la manera cristiana, con los dedos y uñas pintadas de alheña (Bernis, 1982: Láminas XXV d y XXVI) (Fig.2).

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Mujeres del libro de Juegos de Alfonso X y de la Sala de los Reyes de la Alhambra, con los dedos decorados con alheña.

Pero esta práctica continuó en las mujeres moriscas hasta su expulsión a principios del siglo XVII. A lo largo del siglo anterior surgieron contínuas prohibiciones al uso diario de la alheña así como en las celebraciones de bodas. (4)

LOS DIBUJOS EN ALHEÑA Y EN CERÁMICAS: ¿UN COSMOS SIMBÓLICO COMPARTIDO?

Joaquina Albarracín Navarro, llevó a cabo una serie de trabajos etnológicos entre 1948 al 1952, que culminarían con su tesis sobre El traje y el adorno de la mujer musulmana de Yebala, en el Norte de Marruecos. Entre otros temas que estudió, se analizaban las decoraciones en alheña que la mesta trazaba en las manos, pies y cara de las mujeres el día de su boda.

En este trabajo planteamos la hipótesis de que algunos de los motivos dibujados en alheña, que la doctora Albarracín publica (Albarracín, 2000 y Albarracín, 2002), pudieran estar relacionados con los motivos decorativos pintados en óxido de manganeso que portan las cerámicas andalusíes de pasta clara, de los siglos XIII-XV. En estas cerámicas han sido bien estudiadas las cartelas epigráficas, los dibujos figurativos (pavos, gacelas…) la hamsa o mano de Fátima, las estrellas, es decir, aquellos motivos principales que destacan en las piezas y a los que se les ha dado un significado. Pero hay otros motivos secundarios, tan sólo referenciados, que no son analizados con detalle, como por ejemplo puntos, triángulos, a veces dispuestos en zigzag, ángulos asociados a puntos y pequeños motivos ramiformes, entre otros.

Aún siendo conscientes del tiempo transcurrido que separa a unos motivos de otros, creemos que mantienen cierta conexión, no solo formal, por varias razones:

El uso de la alheña en Marruecos actualmente y en al-Andalus desde tiempos muy tempranos hasta el principios del siglo XVII;

la propia palabra mesta, del árabe masita (Albarracín, 2000: 435), que designa a la mujer encargada de peinar e intervenir en todo el ritual de la boda, la encontramos también en el nombre de una morisca de Baza llamada Catalina Almachita (Cardaillac, 2005: 60);

el contraste del color oscuro o rojizo que produce la alheña en la piel blanca de la mujer, se asemeja al aspecto de estas cerámicas de pasta blanca decoradas con el óxido de manganeso, que ofrecen tonos oscuros, marrones e incluso a veces rojizos;

por último, señalar que los mismos motivos de alheña y de las cerámicas andalusíes, los encontramos dibujados en cerámicas populares del Rif. Una cerámica de pasta clara fabricada y decorada por mujeres, con motivos tribales y símbolos protectores y de fecundidad. Todo un universo figurativo que también podemos ver en joyas, tejidos y tatuajes de esas mismas mujeres alfareras.

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Cerámica popular del Rif, fabricada y decorada por mujeres. Utilizan motivos tribales y mágico-decorativos, similares a los dibujados con alheña y a los que podemos ver en las cerámicas andalusíes. (Imágenes de la exposición “La simbología en la Cerámica Rifeña” [en línea] http://www.aragon.es/estaticos/ImportFiles/05/docs/Areas/Artesan%C3%ADa/Publicaciones/SIMBOLOGIA_CERAMICA_RIFENA.pdf [consulta 15-04-2014].

Todo ello nos hace pensar que estamos ante un conocimiento de tipo popular “mágico-decorativo”, compartido tanto por alfareros como por esas mujeres, únicas, que conocián la simbología de esos motivos y se encargaban de decorar los cuerpos de las mujeres para ocasiones tan importantes como el matrimonio. Quizás tras la expulsión de los moriscos y el traslado de muchos de ellos al norte de África, se produjo, junto con otras artes y costumbres, un trasbase también de esa figuración.

La doctora Albarracín nos presenta los nombres, según la mesta, de los distintos motivos pintados en alheña, cuyo fin era purificar y proteger a los novios de fuerzas mágicas o espíritus malignos (Albarracín, 2000: 434-438) y (Albarracín, 2002: 84-85):

/Los motivos en cruz que se pueden ver en las primeras falanges de los dorsos de las manos, se llaman “los jazmines”, el yâsmîn, y aparecen bajo un ángulo que son los “arcos”, qwàs. Tambien las formas ramiformes de tres tallos dibujadas tanto en los dorsos como en las palmas de las manos se llaman tambien jazmínes.

/Como símbolo de fecundidad, aparece bajo los dedos índice y corazón un ramiforme de cinco tallos que es el jemisa el-mulada, es decir la “mano de Fátima fecundada”. Tambien aparece en los nudillos de los dedos excepto en el pulgar.

/Otros ramiformes en los dorsos de las manos son “palmeras de siete ramas” y en los pies un árbol estilizado.

/En el centro de la palma aparece “el punto”, el noqta.

/Tanto en pies como en manos vemos triángulos decorados o no con puntos intercalados así como angulos susesivos asociados a puntos. En la palma aparece dibujado con triángulos “los trabajos del corazón”, el-san`a del-qalb.

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Manos y pies decoradas con alheña (Albarracín, 2000 y Albarracín, 2002)

Como se puede ver, casi todos estos elementos en alheña se repiten en las decoraciones de las cerámicas de las figuras que se acompañan. Las cerámicas presentadas proceden de Murcia, Granada y Almería. Se han señalado con un círculo en rojo los motivos coincidentes, aunque desconocemos como se llamarían estos dibujos en la jerga de los alfareros de época medieval. Hay tan sólo un motivo junto al dedo pulgar, que recuerda a expresiones pseudoepigráficas, probablemente con valor simbólico y protector, que decoran ataifores de época califal procedentes de Madinat al-Zahra  (Cano, 1996: 35, 123).

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1. Jarrita de la Chanca, Almería (Museo de la Alhambra); 2. Jarrita de la Alcazaba de Almería. S.XIV. (VVAA, 1993: 96); 3. Jarrita de la Alcazaba de Almería (ss. XII-XIII) (VVAA, 1993: 97); 4. Cantimplora del Castillo de Sta. Bárbara, Overa (Almería) (ss.XIV-XV) (VVAA, 1993: 129); 5. Jarrita de Castril de la Peña (Granada) (Ginés, 2000: 122).

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6. Jarra del Pozo de San Nicolás (Murcia)(s.XIII)(Navarro, 1986: 179); 7. Tapadera del Convento de Sta. Clara la Real (Murcia) (s.XIII) (Navarro, 1986: 261); 8. Jarra del Cerro el Castillo, Albox (Almería) (s. XV) (VVAA, 1993: 106); 9. Jarra de El Castellón, Vélez-Rubio (Almería) (Motos, 2000: 205); 10. Pie de jarrita de Castril de la Peña (Granada)(Ginés, 2000: 124); 11. Ataifores califales de Madinat al-Zahra (s.X) (Cano,1996: 123).

Respecto a la mano de Fátima, el jemisa o hamsa, se han dado varios significados: podría representar “la providencia de Dios, que con su mano derrama sobre los creyentes beneficios y victorias; la Ley de Dios, por simbolizar los cinco dedos, los preceptos del Islam; y la superstición por ser poderoso talismán contra mil adversidades” (Souto, 1983: 467- 468).

Sobre el origen de la mano de Fátima encontramos la siguiente leyenda: “Un día que los discípulos de Mahoma se quejaban de la supresión de imágenes, el Profeta metió en tinta el extremo de sus dedos e imprimiéndolos sobre una hoja de papel les mostró ésta por toda respuesta” (Martínez y Albarracín, 2009).

Con forma de auténtica mano, no como un ramiforme de cinco tallos, y con valor protector, la encontramos en la Puerta de la Justicia de la Alhambra y como grafitos en la Atalaya de Villena (Alicante) (Soler, 1974), en el castillo de Dólar y en la Torre de Cúllar, ambos de la provincia de Granada (Barrera, 2008: 32,35-36).

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Manos repicadas en la Torre de Cúllar (Granada) (fotografía del autor).

Parece que hubo la costumbre de situarlas en las puertas para ahuyentar todo maleficio, tal y como se recoge en el Sínodo de Guadix de 1554, donde se dice que las moriscas señalaban en las puertas la impronta de la mano teñida en alheña (López, 1993: 312). En la actualidad las vemos trazadas con pintura en algunos lugares del norte de África.

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Mano pintada en una vivienda de Matmata (Túnez) (fotografía del autor) y ramiforme sobre alacena en una vivienda de Tazrgutt (valle de Targha) en Marruecos (fotografía cedida por Marie-Christine Delaigue).

Con estas escasas líneas abrimos la puerta a una posible línea de investigación sobre estos motivos, tan similares, que encontramos dibujados por mujeres con alheña y con óxido de manganeso en cerámicas del norte de Marruecos y en las decoraciones de las cerámicas andalusíes de arcilla clara pintadas con óxido de manganeso de los siglos XIII-XV.

Hay un largo camino por recorrer y preguntas por responder, ¿se traspasó este universo mágico-decorativo desde el Norte de África a al-Andalus, o fue en sentido inverso?, ¿fueron las mujeres las portadoras de ese conocimiento mágico-decorativo?, y dado que nos consta por las fuentes escritas de la existencia de mujeres trabajando o dirigiendo alfarerías u ollerías en la Granada del siglo XVI, y por tanto conociendo técnicas y negocio (Díez, 2011: 165-175), ¿fueron mujeres alfareras las encargadas de fabricar y/o decorar estas cerámicas andalusíes al igual que aún hoy en día ocurre en el norte de Marruecos?

José Ignacio Barrera Maturana

Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad (LAAC) (Grupo de Investigación con código HUM-104 del Plan Andaluz de Investigación).

NOTAS

(1) Relato del autor

(2)“Hay en este río (Boloduí) cinco lugares llamados, Alhizán, Santa Cruz, Cochuelos, Bilumbim y Alhabia; baja entre Abla y Lauricena, y va a dar a Santa Cruz, que es el lugar principal, y después se va a juntar con el río de Almería, entre Alhabia y Guécija. Es tierra de muchas arboledas, y los moradores tienen muy buena cría de seda; cogen cantidad de pan, trigo y cebada, y tienen muchos ganados, y siembran la alheña, que es una hoja como la del arrayán, mas delgada y la precian mucho los moros”(Mármol, 1991: 113).

(3)Con la Congregación de la Capilla Real de Granada (1526) e instalación en el reino la Inquisición, se alude a algunos de los hechos por los que puede delatarse a un morisco. Por ejemplo, en el informe de Lorenzo Galindez de Carvajal,  se señala la necesidad de controlar los nacimientos de niños moriscos: “para que no les rayasen la crisma ni los profanasen con el alheña”. Tal referencia a la alheña en un hombre culto viene a indicar que los cristianos desconocían completamente su uso y que le asimilaban las características del óleo santo (López, 1993: 311).

(4)En 1514 las Ordenanzas de Femando de Toledo para Huéscar y Castillejar prohíben ciertas ceremonias que tenían lugar en los ámbitos de convivencia femeninos durante las bodas, entre ellas destacan la de la alheña. La real cédula de 1526, de Granada, prohíbe a las moriscas alheñarse las manos y los pies. En el Sínodo de Guadix de 1554 y en el de Granada de 1565, se reitera la prohibición de ceremonias moriscas en bodas y velatorios, así como la de alheñarse las mujeres, prohibición que se repite en la Junta de Madrid de 1566 (López, 1993).

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