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Amparo Moreno

Zumbido es un comentario a la novela Sin novedad en el frente (1929) de E.M. Remarque, a propósito de la Gran Guerra de 1914, con la confrontación entre la Historia y la Naturaleza como telón de fondo. Reúne palabras, sonidos, imágenes en movimiento, fotografías y trazos: una sola idea, distintas voces.
    
La Gran Guerra no es el tema en sí, aunque sea el argumento. No se puede hablar de ella en unos términos adecuados a la naturaleza de esta obra. Porque no podemos pensarla brevemente, porque la dimensión es otra, en cantidad pero también en cualidad. Habría que hablar de sociedades, de hegemonías, de economías, de desgastes y de balanzas. Y éste no es un trabajo teórico sino una reflexión estética, que toma de la guerra el sufrimiento inútil, el horror y la brevedad. La novela de Remarque, que versa sobre la vida del soldado en las trincheras, fijó el motivo.

Pero es la posición del hombre en el paisaje la que subyace como materia de pensamiento. Madame Cézanne dijo sobre Cézanne y su relación con la naturaleza que “germinaba junto con el paisaje”. Esta cita viene a ilustrar la zona noble del trabajo.

La guerra es una conversación ejemplar, o más bien una discusión grave entre ambos, hombre y paisaje, Historia y Naturaleza; y en ella se valida una metáfora, la de la trinchera, extraordinariamente adecuada a una idea: hombres arando el campo y sirviendo de semilla.

Resulta fascinante, casi de una manera infantil, la Europa de 1900, aquel mundo maravilloso y finísimo de los objetos bellos y de los ingenios decimonónicos, en que la idea de progreso era aún optimista. Pensamos que la Cultura nos hace mejores, y más fuertes, más buenos y más bellos. La Cultura debe alejarnos de lo miserable que se contiene en nosotros. Pero esto no es exacto: la Cultura se muestra insuficiente, sólo puede ayudarnos a entender la barbarie, lo miserables que podemos ser, y también cuán altos. El campo de las elecciones es otro.

Éste es un trabajo de distancias: del Remarque escritor sobre el Remarque soldado, casi quince años después; de nosotros, lectores, interpretando su vivencia casi un siglo después. Pero también de ese distanciamiento melancólico que hace que lo no vivido se transforme en nostalgia.

También es un trabajo de colaboración con Antonio Monsalve y Marta P. Corchs, músicos, y con Beatriz Sánchez, videocreadora. El trabajo de todos ha sido, sin lugar a dudas, más ameno, más profundo y mejor. Cada uno ha trabajado desde su propia posición, con su propia personalidad, como un grupo de personas que sentadas en una habitación miran la misma lumbre en silencio, después de una larga e intensa charla de sobremesa. El resultado es nuestra música, nuestro vídeo, nuestro libro. De una manera u otra, más perceptible o más silenciosa, en ambos casos mayúscula, intervienen otros varios amigos, sin los que resulta complicado imaginar un buen puerto al propio trabajo, amigos cuya consistencia se refleja en las sucesivas veladuras de este Zumbido: Juan Carlos Friebe, Patricia Andrés, Pablo Medina, Gregorio Dixi, Horacio Moreno, Antonio Dafos.

El trabajo ha adquirido en su progresión sustancia propia, llevándonos por sus propios caminos. Lo que comenzó como una reflexión de salón y lecturas ha acabado por conducirnos a una emoción intensa de piedad por esos chiquillos que germinaron con el paisaje, y a una perplejidad sin fondo sobre el horror humano que los condujo hasta allí, el horror y el amor que todos llevamos en las alforjas. En el Zumbido, aunque pudiera parecerlo, no ha quedado rastro de afectación alguna.

Una última consideración, recordando esos paisajes flamencos amabilísimos que cierran las escenas de los mejores cuadros, o que más bien las abren al mundo, esos paisajes en que corren perrillos y caminan pastores y santos atribulados. Esos son los paisajes que ya en el siglo XX fueron escenario de esta desolación y de estas trincheras. Han transcurrido cien años desde ellas, y sobre la tierra la hierba y las ovejas y los hombres y bajo el cielo la misma cuestión, que es materia poética mientras haya hombres: no dignificamos el paisaje en que vivimos; muy al contrario, el paisaje, la Naturaleza, nos redime, redime nuestra Historia y nos dignifica como sus pobres tercos habitantes.

Llegado nuestro silencio, los abejorros continuarán con sus zumbidos.

zumbiportada1(1)

Soldados

Soldados

Durmiente

Durmiente

Explosión

Explosión

Invitación zumbido

Actuación

fotosJC

Música en https://zumbido1.bandcamp.com