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Las siete palabras

                                                              

                                

                                                                            Yo soy el gran blasfemo

                                                                            LEÓN FELIPE

 

Ex 3,13-14

Eh’yé asher eh’yé

 

 

1     Yo soy el que soy

2     Yo soy el que soy

3     Yo soy el que soy

4     Yo soy el que soy

5     Yo soy el que soy, dicen que dijo, como si hubiera mentido o ser fuera pecado del que avergonzarse, ignominia o baldón.

6     Yo soy el que soy, dicen que dijo, y no mentía: pués él era El que era, quien quiera que fuera, el que tan adentro de nosotros nos habita de bondad y nos puebla de perdón y nos colma de dulzura, el que tan dentro de mí estuvo que era yo misma,

7     Yo soy el que soy, dicen que dijo mi hijo Jesús, y a sus labios prendió la ardiente zarza que habló a Moisés en el Horeb

 

1)     y el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras

 

2)     y los jueces del sanedrín se cubrieron los ojos con manos horrorizadas y los doctos ancianos impíos le señalaron con espanto clamando blasfemia, retrocediendo ante su voz como si su lengua hubiera propagado la lepra por palacio,

 

3)     y cayeron en tierra los escribas profiriendo estremecidos lamentos y alaridos de horror como si sus palabras hubiesen roto el sello de todas las tumbas y los muertos deambularan vivos entre ellos exigiéndoles tributo de carne de mi carne en carne viva, diezmo de mi sangre ungida con sus lágrimas

 

4)     y el atrio se llenó de gritos coléricos bramando por su suplicio mientras cubrían su cara de bofetadas y esputos convertido en esclavo, en ladrón y en ramera

 

5)     y fue denostado y golpeado y conducido hasta el Gábbata, hasta el mismísimo nido del águila, que no hallando en él ninguna culpa le envió a la zorra para que devorase sus restos, hasta el palacio del asesino del   bautista, hasta la madriguera del hijo del asesino de los inocentes de quien huimos dejando a nuestro paso un río de sangre niña degollada            

 

6)     y fue devuelto al prefecto que, no hallando en él ninguna culpa se lavó las manos, quebrantadas ya todas las leyes de los hombres para inmolarle sin piedad.

 

7)     y fue desnudo y sujeto y azotado y su carne a tiras le arrancaron con flagelo de huesos de carnero, animal sacrificado coronado de espinas, holocausto cruento, ara bañada en sangre de cordero descarnado, ya desecho de sí, ya de sí todo llaga, ya expoliado del que era fuera quien fuera y de quien fue, cargando sobre sus propios hombros su patíbulo camino del calvario, donde fue crucificado ante mí

 

y ante Dios.

1     Yo soy el que soy

2     Yo soy el que soy

3     Yo soy el que soy

4     Yo soy el que soy

5     Yo soy el que soy

6     Yo soy el que soy

 

7)     Yo soy el que soy, dicen que dijo ¡y vedle ahora! Las manitas que me acariciaban la cara cuando niño manos mártires clavadas a un travesaño, los pies chiquillos que yo secaba con mi propio cabello tras bañarle ensartados al estípite en que lo alzaron, ¡vedle ahora bañado entero en su sangre toda! ¡Ahí! ¡Vedle desollado, carne de mi carne, sangre de mi sangre a merced de un dolor pavoroso! Vedle y llorad si vuestra piedad alberga lágrimas bastantes para llorar por cada una de sus heridas. Llorad si cabe en corazón humano llanto bastante para tal martirio, para tamaño suplicio, para tanta afrenta: tanta luz hundiéndose en las sombras

 

 

y oídle antes de que el mundo se cubra de tinieblas y la tierra tiemble y la vergonzosa memoria de este día jamás sucumba en el olvido que esta tierra maldita merece.

 

 

JUAN CARLOS FRIEBE, 2013