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Gerardo Delgado

Reedición del texto de José Vallejo, “Gerardo Delgado. La geometría como forma de expresión”, en el catálogo digital de la exposición Gerardo Delgado. Rutas y otros laberintos. 2009-2013, (Galería Fernadez-Braso). Se publicó por primera vez en el catálogo de la exposición Gerardo Delgado. Ayer y hoy, realizada en el otoño de 2010 en el Instituto de América de Santa Fe y comisariada por el autor.

GERARDO DELGADO. LA GEOMETRÍA COMO FORMA DE EXPRESIÓN

Tal como el frigio Meandro juega con sus límpidas aguas,
y con zigzagueante curso fluye y refluye, y saliendo
a su propio encuentro contempla las olas que han de llegar…
OVIDIO, Metamorfosis, “Libro VIII”.
I
En 1538 aparecía la segunda edición de Underweisung der Messung de Durero. Esta se veía enriquecida con dos nuevos grabados en madera que no estaban presentes en la edición de 1525. Uno de ellos presenta una superficie tallada muy alargada y horizontal, dividida en dos partes iguales por un marco enrejado por unos hilos, que actúa de distanciador de las figuras que representan al artista y a su modelo. Este artilugio, que es la representación plástica del que Leonardo había ideado como velo para el estudio de la perspectiva, también se convierte en este caso en una metáfora plástica, o en un emblema de la ventana creada mentalmente por Alberti en su De Pictura de 1436.
 
Durero crea, aquí, un marco físico para la ventana conceptual que el artista sitúa sobre el tema elegido, de manera que la abstracción de la porción sobre el todo cobre importancia y dote de sentido a las intenciones del artista. Es por tanto el vehículo que proporciona al creador la singularidad del tema y, en el fondo, la herramienta que desarrolla la potencialidad del pensamiento proyectual del artista. Estamos pues, ante la imagen que separa y une los mundos de lo real y lo imaginado. Esta lucha entre esos dos mundos es el conflicto ante el que se enfrenta todo artista, y en su método para resolverlo crea su vocabulario y su propio estilo.
 
Viene todo esto al caso por el magnífico texto de Gerardo Delgado “Las Palmeras Salvajes”. Hacia un espacio aformal, publicado en el catálogo de su exposición en la galería Kreisler Dos, en 1978. Es un texto teórico, temprano en su producción, que muestra su preocupación por la investigación del espacio y en concreto el de la obra pictórica, analiza la composición y su desarrollo e incluso su prolongación más allá de los límites del formato físico del soporte. Si para Alberti, Leonardo o la mayor parte de los renacentistas italianos, el tema de la representación fidedigna del espacio tridimensional en el plano es la aspiración de todas sus búsquedas, y para ello se arman de todas las herramientas que la composición y la perspectiva les brindan, esta necesidad se va diluyendo para la evolución posterior de la pintura en una indagación de una nueva realidad que pugna por ser en sí misma, sin necesidad de la comparación con una realidad visual organizada, pues el azar o la oposición de formas aleatorias pueden convivir y expandirse sin tener la obligación de una relación íntima entre ellos.
 
Para Gerardo Delgado el problema es cómo representar desde el interior del lienzo, cómo crear una nueva realidad. La ventana abierta a la interpretación realista de los clásicos se convierte aquí en una realidad en sí misma, ajena a la realidad convencional. Es un límite espacial al que hay que dotar de vida concreta a través de unas técnicas pictóricas. Para ello se ha de desarrollar todo un vocabulario que fije las visiones y para este vocabulario ya no es necesaria la interrelación íntima entre cada uno de los elementos que componen la obra, sino que su contraste, oposición o yuxtaposición, pueden hacer que fluya el proyecto mental del artista.
Este texto de “Las Palmeras Salvajes” venía a conceptualizar el periodo en el que se veía inmerso el artista en ese momento. Es el momento del enfrentamiento en dípticos y polípticos, de obras que en sí son realidades independientes pero que por anexión o yuxtaposición provocan una búsqueda por parte del espectador que tiende a crear realidades mentales propias, jugando así con el concepto de obra abierta. Pero al mismo tiempo este texto y este momento artístico -recordemos que estamos a finales de los años setenta y comienzo de los ochenta- son desveladores de la forma de hacer y de las constantes que al artista le han preocupado a lo largo de toda su vida. Así, podemos rastrear lugares comunes en la creación de series, el acoplamiento en varios paneles pictóricos, la división del campo pictórico en espacios rotundamente geométricos que se ven alterados por una técnica pictórica expresionista, el juego del azar, o mejor dicho de la combinatoria y, en el fondo, la recuperación de un orden a través de un calculado y trabajado caos.
(Extracto)